GUADALMEZ, DE MANANTIAL A RÍO. UN PASEO POR SU HISTORIA

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TIEMPO DE CAMBIOS

Mensaje  camome el Jue 13 Dic - 17:51

TIEMPO DE CAMBIOS

Cuando Lorenzo Pizarro, acompañado por sus padres, llegó tras un largo y penoso viaje a Córdoba, la antigua ciudad califal debió impresionar a aquel joven, que apenas había salido de su Aldea, al contemplar la majestuosidad de la torre de su catedral, la torre que siglos atrás remodelara el arquitecto Hernán Ruiz III, el mismo que había diseñado la iglesia parroquial donde él había sido cristianizado. Ahora se encontraba a las puertas del Colegio de San Pelagio, a donde acudía para formarse como sacerdote, atendiendo a la llamada que Dios le hiciera. Atrás quedarían sus años infantiles correteando por su pueblo natal, junto a la casa de sus padres, en la misma plaza de la aldea de Guadalmez, y atrás quedarían también sus hermanos, Gregoria, Miguel, Regina, Pedro, Nicomedes y Feliciano.

D. Lorenzo había nacido en 1827, y era uno de los siete hijos habidos en el matrimonio entre Joaquín Pizarro García y Águeda Rayo Bejarano. De familia adinerada, pues sus padres contaban con un capital superior a los 600 doblones de oro (60.000 reales de vellón), se crió en un ambiente de gran religiosidad, siendo sus progenitores muy devotos de Nuestra Señora de los Remedios, a tenor de lo expresado en su testamento:

“…Mandamos que a la Virgen de los Remedios de esta aldea que retocamos y vestimos a nuestra costa, le hicimos además la promesa de hacerle una función el día último de Pascua de Resurrección, compuesta de misa cantada, sermón y procesión, todos los años hasta nuestra muerte, y ninguna se le ha hecho y es nuestra voluntad se le hagan las dos que le debemos y las demás indicadas hasta nuestra muerte costeándose su importe de nuestros bienes…”

Aunque su madre, hija de Miguel Rayo y de Josefa Bejarano, era natural de la aldea, su padre Joaquín había sido uno de esos inmigrantes que habían comenzado a llegar durante esta centuria a Guadalmez, procedentes de enclaves cercanos, pues había nacido en Peñalsordo en el matrimonio de Juan Pizarro y de Eusebia García. En la aldea se casaría con una de las jovencitas de mayor patrimonio, pues en la relación de bienes de su testamento conjunto, a Águeda le corresponderían 50.000 reales y a él, 13.000. Con esas cantidades, no se lo pensaron dos veces cuando a su hijo Pedro Pizarro le tocó “la suerte de soldado” y ellos abonaron 6.000 reales para redimirla.

A sus 31 años, Lorenzo fue enviado como cura a su parroquia de Guadalmez, por decreto de la reina Isabel II, el 11 de junio de 1858 , y publicado por el diario conservador La Época: “…S.M. se ha dignado nombrar para el curato de… Guadalmez a D. Lorenzo Pizarro…” Allí tuvo como sacristán a Esteban Flores y regresó a la casa paterna para vivir, como nos cuentan, con cierto tono de reproche, sus propios padres en el mencionado testamento:

“…También declaramos que nuestro citado hijo D. Lorenzo Pizarro, presbítero cura de esta aldea nada a ingresado en nuestra casa de sus rentas; el producto de las fincas de sus capellanías es lo poco que disfrutamos y para eso come de nuestros bienes, se le asiste y vive en nuestra casa…”

Otro vecino que encaminaría sus pasos por la senda del servicio a Dios, antes de que lo hiciera D. Lorenzo, será Fausto Montes hijo de Blas y de Isabel López Moreno, pero desde la oración y el trabajo en un convento, a donde se encontraba hacia 1825 con la intención de profesar como fraile. Su madre, al hacer testamento le nombrará como único heredero si aún no se hallara fraile profeso:

“…ynstituyo y nombro por mi único y universal heredero de todos ellos a mi hijo y de mi primer marido difunto Blas Montes, Fausto Montes, caso de no hallarse frayle profeso, pues en este caso será mi caudal para Misas aplicadas por las animas de mis Padres y Abuelos difuntos y la mia con tal que referido mi hijo no lo necesita para que los haya, goce y herede, con la bendición de Dios y la mía…”

Por los años en los que Lorenzo Pizarro regresó a su tierra, la aldea contaba con 503 habitantes, según Pascual Madoz , y 60 vecinos a tenor de la Estadística General del Notariado de España, para el año de 1852 , 20 vecinos más de los mencionados por D. Luis María Ramírez y de las Casas-Deza en el año 1840. Según este autor, en su Coreografía Histórico-Estadística de la Provincia y Obispado de Córdoba, publicada en el mencionado año de 1840, y por lo que respecta a Los Palacios de Guadalmez:

“…Esta aldea está en término de Chillón a cuya jurisdicción pertenece y como esta villa perteneció a la Casa de Medinaceli. Está situada dos leguas al S.O., cuatro O. de su matriz y yace en la falda de la sierras de Guadalmez, como a un tiro de bala de la orilla derecha de este río, de que toma nombre.
Consta de 3 calles, 36 casas, 40 vecinos y 150 habitantes. En 1793 sólo tenía 30 vecinos.
Su parroquia es una mediana iglesia antigua y de una nave dedicada a S. Sebastián. Sírvela un cura. Carece de cementerio.
A corta distancia de la aldea hay un pozo dulce de que se surten los vecinos. Produce trigo y cebada y sobre todo centeno. Tiene una Dehesa nombrada Valdesapo y cría toda especie de ganados. Abunda de caza mayor y menor, y produce poca miel. Tiene un horno de teja y ladrillo. No tiene puente ni barca para pasar el río…”

Los datos que aporta D. Luis María Ramírez deben referirse a la primera mitad del siglo XIX, pues a mediados de siglo, la aldea experimentará un gran crecimiento, tanto en el número de habitantes como en su estructura urbana, llegando al medio millar en torno a 1850 y a los 642 habitantes en 1887, para finalizar la centuria con 70 vecinos. En la zona de las Viñas, y ante el aumento poblacional, irán surgiendo nuevas calles como la calle de Barrio Nuevo (calle Ancha) y la calle de los Lobos ( calle Viñas), que quedarán separadas del resto de la aldea por la cerca de los Carreteros (actual calle Ayuntamiento), lo que llevará a sus habitantes a diferenciar entre lo que ellos llamaban “El Pueblo”, formado por las tres calles históricas: Calle de Portugal, de Enmedio y calle de la Parra, y “El Barrio”, constituido por las mencionadas calles de Barrio Nuevo y de los Lobos, y pasando de las 36 casas citadas por Ramírez de las Casas-Deza, a las 140 que señala Hervás y Buendía.

Con el nuevo siglo, van a llegar a la aldea una serie de mejoras higiénicas y sanitarias, y así, el 22 de febrero de 1812 la Junta Municipal, con Miguel Rayo a la cabeza, va a llegar a un acuerdo con D. Manuel Policarpo García Carrasco, medico durante diez años en la villa de Chillón y que en dicha fecha se encontraba libre, para que ejerza su profesión en la aldea. Esta persona va a ser el primer médico con el que cuente la aldea en toda su historia y a cambio de su trabajo, el Concejo se compromete a pagarle 600 reales de vellón de los Propios de la aldea y 12 fanegas de trigo de su Pósito por cada año.

A todo ello hay que añadir que será por estas fechas cuando se pongan en funcionamiento las minas de Santa Catalina y las de Santo Domingo, para la extracción de plomo, plata y cobre, aunando una nueva actividad económica, la minería, a las tradicionales de agricultura y ganadería. Las Minas de Santa Catalina, con 9 casas de mineros, contarán con una población de 17 habitantes y las de Santo Domingo, con 19 casas, sumarán 53 almas. También en la Vega de San Ildefonso se irá formando un caserío con 10 habitantes y se va a construir un suntuoso Palacio para el célebre político D. Segismundo Moret y Prendergast.

Este gaditano, que fue elegido, por primera vez, diputado a Cortes por el distrito de Almadén en 1863, ocupó la mayoría de las carteras ministeriales en la época de la restauración, excepto la de Guerra y Marina, y fue Presidente del Congreso y del Gobierno, dictándose, durante su etapa como ministro de Ultramar en el gobierno del General Prim, la abolición de la esclavitud en las islas de Cuba y Puerto Rico. De él comentaba Miguel Moya en su obra “Oradores políticos”:

“... la mayor parte de los hombres públicos viven soñando hasta que son Ministros. Moret sólo cuando es Ministro se permite soñar... hay quien sospecha que se proyectaba también hacer de la Mancha un inmenso bosque americano, de vegetación exuberante, de Madrid un mediano puerto de mar...”

En la búsqueda del sosiego y la tranquilidad que la Villa y Corte no le permitía, vino a establecerse en la Vega de San Ildefonso y erigir un bello palacio neoclásico, para pasar en él determinadas temporadas al año, siempre que su apretada agenda política se lo permitiera. Para ello, y tras el periodo de las desamortizaciones, adquirió la dehesa de la Vega, que en 1748 comprara D. Pedro Iturriaga con la aprobación del rey Fernando VI, e hizo construir un conjunto de edificaciones en la confluencia de los ríos Valdeazogues y Guadalmez, constituidos por un edificio central palaciego de estilo neoclásico, muy al gusto de la alta burguesía madrileña de finales del siglo XIX, y rodeado por una serie de dependencias de estilo popular, como cuadras, granero, viviendas y una pequeña ermita de planta rectangular con fachada en ladrillo visto y rematada por una espadaña típica. A tenor de lo publicado por la mayoría de los principales diarios del país tras su muerte, D. Segismundo Moret intentó hacer de la Vega de San Ildefonso, un ejemplo de gestión agraria, gracias a los adelantos científicos que en materia de agricultura se estaban produciendo a finales del siglo XIX:

“...Poseía en Chillón (Ciudad Real) una finca, a la que se propuso aplicar todas las innovaciones que la ciencia agrícola preconiza para el adelanto de la agricultura.
Adquirió máquinas agrícolas, modificó los cultivos, introdujo el riego. Los gastos hechos consumieron una buena parte de su capital, y los resultados económicos no correspondieron a los sacrificios que aquel gran idealista, enamorado del progreso, llevara a cabo...”

El palacio, propiamente dicho, es una construcción de planta rectangular a la que se añade una torre rematada con almenas donde se sitúan las escaleras que conectan las diferentes plantas, realizado todo él en piedra y ladrillo. La fachada presenta tres cuerpos separados por cornisas en ladrillo visto. En los dos primeros cuerpos los vanos son ventanas rectangulares y en el tercero "ojos de buey", todos ellos rematados con el mismo tipo de ladrillo. La puerta principal se encuentra enmarcada por dos columnas, con capiteles compuestos, fundidas en hierro, y se abre a un jardín cercado de tapial con dos puertas de acceso, realizadas igualmente en ladrillo visto. Su estructura consta de dos plantas, ocupadas por la vivienda señorial, sótano y buhardilla, y el tejado, sobre armazón de madera, vierte a dos aguas.

En la primera planta se ubica el zaguán, con decoración mural de temática floral y geométrica en techos y paredes, y desde él se accede a diferentes estancias como la cocina y los dormitorios. En el pasillo principal aún se pueden observar los huecos dejados por los cuadros y tapices que jalonaban sus paredes. La buhardilla está constituida por un pasillo central en el que se abren diferentes dependencias que debían ser ocupadas por el servicio, y en éstas se abren vanos al exterior en forma de "ojo de buey".

En la segunda planta, la parte central está ocupada por el Salón de Invierno, con chimenea y paredes empapeladas, y por el Salón de Verano, que comunica directamente con la terraza. En este Salón, al igual que en el anterior, existe una chimenea marcada con la inicial "M" de Moret y sus paredes están decoradas con motivos geométricos. Aquí el techo presenta una decoración pictórica, en marco circular, que representa unos querubines con una liana de flores sobre un fondo celeste con nubes y golondrinas.

Aunque durante su azarosa vida política realizó frecuentes escapadas a lo largo del año a su Palacio de la Vega de San Ildefonso, sobre todo en los meses de septiembre, octubre y diciembre, conforme se fue acercando su ocaso, añoró con más ganas poder pasar la mayor parte de su tiempo en su querida finca, en la que tantas ilusiones había puesto. Así se deduce de una conversación que mantuvo con un “rico, feliz e independiente ingeniero agrónomo” , con quien coincidió en uno de sus viajes a Bélgica y Suiza en octubre de 1911, y donde reconoce su deseo de abandonar totalmente la política y entregarse al sosiego de su finca guadalmiseña:

“... El Sr. Moret me pareció triste, abatido, á pesar de que conserva su sonrisa dulce, su habla sonora, su expresión serena y atrayente de poeta. Se pasa horas y horas solo, en la placidez del campo, en el silencio de los jardines no concurridos. Este verano, excepción de algunas excursiones y de los días que estuvo en París, ha hecho una vida patriarcal, acostándose muy temprano, levantándose al amanecer... Ha estudiado con gran cariño adelantos agrícolas y, si no estoy equivocado, muchas cosas nuevas llegarán en breve á su finca de Ciudad Real, que pudiera tomarse por modelo de tierras laborables en España... Además de los desengaños políticos, tiene en el haber de su vida una enorme, abrumadora lista de desgracias familiares. Está muy abatido y muy triste. Sólo en la paz del campo, lejos de la lucha que evoca recuerdos dolorosos, se tonificará su espíritu...”

Según el mismo informante, que le narró estas impresiones al cronista del diario La Correspondencia de España, el Sr. Moret le dijo literalmente, en referencia a sus estancias en la Vega y su irrevocable decisión de abandonar la política, que:

“... Estoy decidido á no intervenir más en la política española. He consolidado una aspiración, la de retirarme lentamente y sin ruido á la vida privada, y quisiera no destruir esa labor de tiempo y de paciencia. En el desierto á que me...político, he encontrado mi oasis, un osasis de paz, de sombra, de quietud, que me hacen recordar como un sueño todo lo pasado...”

Don Segismundo Moret y Prendergast falleció el día 28 de enero de 1913 a los setenta y cuatro años de edad, tras una larga vida llena de luces y sombras, y dejando tras de sí una huella imborrable en la política española. Todos los periódicos de Madrid abrieron sus cabeceras con un hermoso panegírico el día 30 de enero de 1913, en el que se hizo hincapié en sus desgracias familiares:

“...Contribuyeron a aumentar la simpatía, el cariño y la consideración que mereció a todos Moret, sus repetidas desgracias. Pocos hombres políticos han sufrido tantos y tan rudos golpes del infortunio. Parecía que la desgracia se complacía en perseguirle.
Con gran entereza, sin mostrar nunca desmayo, sufrió el Sr. Moret graves contratiempos de fortuna y repetidas pérdidas de personas queridísimas. Pero estos últimos golpes hirieron profundamente su alma y quebrantaron su energía, agotando su espíritu.
Casó muy joven D. Segismundo con una distinguida y virtuosísima dama, prima suya, D.ª María Beruete y Moret, a la que profesaba profundo cariño.
Esposa modelo, fue D.ª María compañera inseparable del insigne político. El hogar feliz, lleno de amor, ofrecía siempre al eminente político paz y consuelo en los días de amargura.
De este matrimonio, siempre unido por el cariño, nacieron seis hijos, de los cuales dos, D.ª María y D. Fernando, murieron jóvenes.
La muerte arrebató a la señora de Moret en Biarritz, el 16 de enero de 1909. Sus restos fueron trasladados a la Sacramental de San Isidro. Esta desgracia dejó en el alma del Sr. Moret profunda huella.
Otro golpe dolorosísimo fue la muerte de su hijo D. Lorenzo, de cuya inteligencia podían esperarse meritorias obras. Una cruel enfermedad lo arrebató a la vida en plena madurez.
También causaron gran dolor al ilustre hombre público las pérdidas de sus hijos políticos D. José de la Bastida y D. Juan Rózpide, a quienes quería entrañablemente.
De los hijos de D. Segismundo viven en la actualidad, D.ª Aurora, viuda de Rózpide, y que sufre penosísima dolencia; D.ª Mercedes, viuda de La Bastida, y D.ª Ángeles, soltera...”

En 1854, el Gobernador Provincial de Ciudad Real, a diferencia de la actitud que durante siglos mantuvieron los gobernadores cordobeses, respecto a la autonomía con la que los vecinos de la Aldea administraban la finca donada por el Marqués de Comares, decide que él debe tener también intervención en la misma y para el efecto dicta una serie de órdenes al respecto, que van a provocar una gran indignación entre los vecinos de Guadalmez. Por ello, van a interponer dos recursos contra dichas órdenes que van a ser denegados por el Gobernador. Finalmente y tras contratar los servicios del procurador D. Cándido Manuel del Campo, llevarán el asunto al Juzgado demandando el amparo en la posesión de sus derechos, para lo que alegan:

“Que hace muchos años disfrutan en arrendamientos la dehesa de la Vega del río conocida por Valdesapos, propia del Exmo. Sr. Duque de Medinaceli, disponiendo al mejor y al mayor acuerdo los medios de disfrutarla, sin que jamás autoridad alguna se haya mezclado en el régimen y administración de la finca, sin duda por que la han considerado como cosa particular y en tal sentido la consideran también los que hablan, no así el Sr. Gobernador de la Provincia que cree deber tener intervención cuando ha mandado repetidas órdenes al efecto, y denegando dos recursos que le han dirigido para que los dejara como siempre estuvieron disfrutando dicha finca, y creyéndose perjudicados contra las disposiciones, otorgan: que dan y confieren todo su poder cumplido, especial y bastante cuanto se requiera para valer a D. Cándido Manuel del Campo, procurador del Juzgado de primera instancia de este partido para que pida en el propio juzgado el amparo a la posesión de los Derechos que hace siglos vienen disfrutando en repetida Dehesa sin consentir que nadie se mezcle en ellos ni se los entorpezca, por ser un pacto particular que tienen celebrado con el mencionado Sr. Exmo., a quien tienen pagado corrientemente el canon que se estipuló… ”

Del presente escrito, firmado por todos y cada uno de los vecinos, con Pelagio Díaz, su alcalde pedáneo a la cabeza, se deduce que a pesar de la abolición de los señoríos y de su inclusión en la Corona, la aldea seguía pagando un canon o precio por el disfrute de estas tierras al Duque de Medinaceli, merced al censo enfitéutico del siglo XVI. Esta situación, sin embargo, va a cambiar tras la promulgación del Código civil de 1889, al considerar los liberales que en la enfiteusis, el propietario verdadero de los bienes raíces será el enfiteuta, es decir los vecinos de la aldea, y expropiando con ello a los dueños directos, el Duque de Medinaceli, su derecho de propiedad, se haya redimido o no la totalidad del censo. Por lo que a partir de esa fecha, los vecinos de la aldea pasarán a considerarse plenamente propietarios de la Vega de Valdesapos, sin tener que pagar cuantía alguna por ella. Se acabó con ello la última reminiscencia medieval que aún subsistía, tras la abolición del Régimen Señorial en 1811.

Por otro lado, la Ley General Desamortizadora de 1855 promovida por el ministro D. Pascual Madoz y que declaraba vendibles los bienes del Estado, Clero, Órdenes Militares, Cofradías, Obras Pías y los comunes de los pueblos, con la intención de que el pequeño labrador se convirtiese también en propietario, desencadenó una desvinculación de bienes de corporaciones que afectó, sobre todo, a los Ayuntamientos, al privarles de la mayor parte de las fincas que contribuían a su sostenimiento y al funcionamiento de sus servicios públicos. Precisamente fue en la provincia de Toledo, seguida de la de Ciudad Real, donde se venderán mayor número de fincas pertenecientes a las corporaciones locales. En Ciudad Real se llegó a enajenar el 73´69% de la superficie de los montes públicos existentes en la provincia.

Esta ley que llevó a una vorágine de compra- ventas de terrenos públicos y que fracasó en su filosofía, llevó a la expropiación de la Dehesa de Guadalmes en 1859 y a la Umbría del Abulagar en 1884 , como bienes propios, pero no afectó a los bienes que la aldea de Los Palacios de Guadalmez tenía en la Vega de Valdesapos, pues estas tierras eran fruto de la donación que el marqués de Comares realizó en el siglo XVI a los vecinos, habidos y por haber, por lo que el propietario de las mismas no era el Ayuntamiento, sino los propios vecinos que además tenían la posesión de las tierras pero no disfrutaban de la total propiedad para poder enajenarlas, ya que éstas debían pasar de generación en generación sin sufrir ningún tipo de transformación y el derecho sobre las mismas sólo alcanzaba a su uso y disfrute. La Dehesa de Guadalmes será adquirida por D. Antonio Ruiz, a quien el 9 de abril de 1860 se le notificará, a través del Diario oficial de avisos de Madrid, al ignorarse su paradero, que debe presentarse en el término de 6 días ante el escribano D. José Salcedo, para el pago del primer plazo del precio de remate por el que adquirió la dehesa, siendo declarado incurso en el plazo de 15 días, sino llegara a hacer acto de presencia.

Por el contrario, los bienes de la Iglesia sí sufrieron los efectos desamortizadores y así los días 14 y 15 de julio de 1844 salieron a pública subasta las fincas que el clero secular poseía en la Parroquial de Guadalmez y que comprendían un total de 11 predios, sumando 52 fanegas de trigo. Dichos bienes fueron capitalizados en 11.880 reales, cantidad por la que salieron a subasta.

Estos bienes, procedentes de pías donaciones testamentarias y con los que se sufragaban los gastos de la parroquia, eran los siguientes:

“… - Una parte de cerca, su cabida seis celemines, en las eras de la misma aldea, linde con dos partes del Conde de Arce.
- Un quiñón, su cabida dos fanegas, en el pico del Morrrio, linde con valdíos.
- Otro id., su cabida diez fanegas, en la pared de las viñas de espresado Conde.
- Otro, su cabida diez fanegas, linde arroyo de la Nava.
- Otro en la hoja de Arriba, su cabida una fanega y seis celemines, linde con el río y con el anterior.
- Otro, su cabida dos fanegas, en la hoja anterior, linde el río.
- Otro, su cabida doce fanegas, dehesa del Almadén, linde D. Ventura Márquez.
- Otro, su cabida cinco fanegas, Campillo de la Viña, Gila de Chillón, linde con la espresada y D. Ventura Márquez.
- Otro, montuoso, su cabida seis fanegas, collado de Hernán Martín, linde valdíos.
- Una viña, su cabida dos fanegas, llamada del Chaparro, que la circulan heredades del Sr. Conde de Arce.
- Otra id., su cabida una fanega, linde la anterior, junto a la laguna de dicho pago…”

También el Ayuntamiento de Chillón, con aprobación de la Exma. Diputación Provincial, y siguiendo la filosofía de las diferentes leyes desamortizadoras, inició un reparto de tierras entre 1840 y 1856, catalogadas como baldíos y sin cultivar a los nuevos moradores que se iban asentando en la aldea. Como contrapartida los beneficiarios quedaban cargados con un censo principal y el pago anual de sus réditos a favor de los fondos públicos de la villa de Chillón. Se otorgaron tierras en las zonas del Valle de la Fuente, las Eras Altas, la Solana y sobre todo en el pago de las Viñas. Tal fue el caso de Manuel Rubio a quien en diciembre de 1854 se le otorgó una cerca de fanega y media en las Eras altas, a cambio de un canon de 20 reales de principal y un dos por ciento de réditos al año, o el de Lorenza Díaz, en julio de 1856, con un terreno de 3 fanegas en las Viñas, y un censo de 90 reales de principal y un tres por ciento de réditos al año.

Con las desamortizaciones y la política de reparto de tierras llevada a cabo por el Ayuntamiento de Chillón, entre los años de 1840 y 1856 a los vecinos de la aldea y a sus nuevos moradores, el plano catastral de propietarios de siglos anteriores comenzará a cambiar, en detrimento de la Iglesia y el patrimonio municipal, lo que animará a muchos de los aldeanos a comprar terrenos de particulares, aprovechando también las malas condiciones por las que atraviesa el agro, y así, a partir de 1859, vecinos como Rufino Bejarano, Joaquín Pizarro, Santiago Pizarro, Pedro Manzanares o Tomás Quero, verán ir aumentando el número de fanegas bajo su titularidad.

Finalmente, a lo largo del siglo XX, la familia Márquez de Prado irá vendiendo a los habitantes del recién constituido municipio de Guadalmez, y sobre todo a los nuevos vecinos que se irán instalando en el pueblo en este tiempo, su rico patrimonio, liquidando D. Fernando Márquez de Prado las últimas posesiones, Las Viñas, situadas en la zona más rica del término, devolviendo con ello al valle su aspecto minifundista, que hoy día posee, con la excepción de la finca de Valdesapos.
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LA MAYORÍA DE EDAD

Mensaje  camome el Jue 13 Dic - 17:52

LA MAYORÍA DE EDAD

Sentado a la mesa del Salón de Plenos del Consistorio almadenense, aquel 12 de octubre de 1868, Don Pedro José Pizarro, en representación de la Junta Local de Guadalmez, oía la proclamación por unanimidad de D. Juan Antonio Cabezas, como representante del partido judicial de Almadén ante la Junta Provincial .

A principios de ese mes de octubre, y al igual que ocurría en la comarca y en todo el país, la aldea de Guadalmez había destituido a su alcalde pedáneo y constituía una Junta Local autónoma como órgano de gobierno, encabezada por el señor Pizarro. Eran las consecuencias de la Revolución de 1868, a la que por su masivo apoyo ciudadano y aplastante triunfo, pronto se la calificó como “La Gloriosa”.

Todo había empezado por el malestar que el viraje autoritario impuesto por la reina Isabel II a su Gobierno, había despertado tanto en la clase política liberal, como en el propio pueblo llano. Intentos de pronunciamiento para obligar a la reina y a su “Corte de los Milagros”, compuesta por el padre Claret y Sor Patrocinio de las Llagas, a olvidar sus pretensiones absolutistas, se fueron sucediendo desde 1864 a 1867, sin éxito aparente, confluyendo en septiembre de 1869 en una verdadera oposición capitaneada por generales tan afamados como Prim, o políticos como Ruiz Zorrilla y Sagasta, quienes tras hacer triunfar el pronunciamiento en Cádiz y Sevilla, se dirigen a Madrid, donde el pueblo les espera al grito de “abajo la Isabelona, fondona y golfona”. Serrano derrotará a las últimas tropas leales a la reina el 28 de septiembre en la batalla del Puente de Alcolea, obligando a Isabel a abandonar el país y refugiarse en Francia.

Este vacío de poder que produce la huida de la reina lo ocupará rápidamente una serie de Juntas, que con efecto piramidal se irán constituyendo desde las más altas administraciones hasta las más modestas, desmembrando el país en taifas gobernadas por federalistas y anarquistas.

Don Pedro José vuelve de su reunión en Almadén, imbuido de las ilusiones de libertad y progreso que se respiran en toda la nación, y rodeado de sus vecinos, comienzan a cuestionarse el sentido que tiene el que su aldea siga ligada a la villa de Chillón, de la que lleva dependiendo desde tiempo inmemorial. Gracias a la autosuficiencia que han demostrado durante siglos, no alcanzan a ver ventaja alguna en esta relación, sino únicamente numerosos inconvenientes que no les dejan actuar con total libertad a la hora de tomar sus propias decisiones.

La idea de constituirse como Municipio va tomando peso día a día entre los aldeanos, que ven como la autonomía administrativa es la mejor solución para proteger sus intereses y ello lleva a que la Junta Local, impregnada de esos sentimientos de libertad, individual y colectiva, se constituya de manera unilateral y por decisión propia, apoyada unánimemente por todos sus vecinos, dos meses más tarde, en diciembre de 1868, en Municipio Independiente, cortando toda relación y supeditación que la pueda ligar con Chillón.

Pero los mismos generales que prendieron la mecha revolucionaria, alarmados por el ímpetu infantil e idealista, con el que el pueblo ha respondido, retirarán su apoyo a los partidarios de la República y comienzan a buscar entre las casas reales europeas un nuevo rey que devuelva al país la tranquilidad que sólo una monarquía constitucional le puede ofrecer. El saboyano Amadeo I, vuelve a ocupar el trono dorado de la Monarquía Hispánica, aunque lo hará controlado por la liberal Constitución de 1869, que reconocerá por vez primera el sufragio universal y la libertad religiosa.

Con el retorno al orden y la estabilidad, controlados nuevamente por el Estado, las autoridades no están dispuestas a reconocer muchas de las actuaciones realizadas durante unos meses tan convulsos, y entre otras, ordenarán la disolución inmediata del Ayuntamiento de Guadalmez, al considerar que el mismo fue ilegalmente constituido por no seguir los pasos que las leyes marcaban, obviando con ello la voluntad popular de una aldea que se encontraba en aquellos momentos, al igual que el resto del país, en pleno proceso constituyente, periodo en el que viejas leyes dejan de tener vigencia.

Para los guadalmiseños su sueño se esfuma por una decisión burocrática, aunque el retorno impuesto a la situación anterior no será en modo alguno en las mismas condiciones, pues el año 1868 marcará un antes y un después en la forma en que los aldeanos mirarán a su villa matriz. La Idea, esa idea de autogobierno, aunque de corto recorrido, ha echado raíces sobre convicciones muy profundas y únicamente queda esperar a que el tiempo finalice su trabajo.

La aldea de Los Palacios de Guadalmez continúa con el creciente aumento de población iniciado a principios del siglo XIX, pasando de los 500 habitantes a mediados de siglo, hasta alcanzar los 700 habitantes en el año 1887. Este aumento de su número de vecinos conlleva un incremento en los servicios que éstos demandan, y con ello se va haciendo posible la autosuficiencia necesaria para, ahora sí, siguiendo los pasos que la ley marca, solicitar su independencia, por lo que en 1881 las autoridades municipales de la aldea instruirán un expediente de segregación para desatar definitivamente los lazos que la ligan a Chillón. Una vez que se ha saboreado la libertad, se hace difícil renunciar a ella. Tal es su nivel de autogestión, que incluso en anuncios oficiales actúa como si de un municipio independiente se tratara. Así, por ejemplo, el jueves 30 de septiembre de 1897, aparecerá publicada en el Diario oficial de avisos de Madrid, la plaza vacante de Médico titular de este pueblo, que el Alcalde-Presidente, Gregorio Ruiz, en nombre de la Alcaldía constitucional de Guadalmez , ofrecerá el 19 de septiembre a quien quiera ocuparla, asignándosele además del igualatorio de los vecinos pudientes, la dotación de 999 pesetas anuales, pagadas de los fondos propios del Ayuntameinto, para la asistencia de 25 familias pobres.

El Consistorio chillonense sigue considerando a Guadalmez como parte integrante de su territorio, y es la amplitud de su término municipal, para un pueblo de su solera, la mejor baza para competir con la vecina y floreciente villa de Almadén, que gracias a las labores del mercurio, puede presumir de ser la cabeza de la comarca. Frente a la riqueza de la plata líquida, Chillón cuenta con el valor de sus magníficas dehesas y montes, vestigios de su importancia allá por la Edad Media, y no está dispuesta a renunciar a ellos. La negativa por parte del Ayuntamiento de Chillón al expediente de segregación presentado por la aldea será rotunda, zanjando el tema sin posibilidad de discusión.

Ante esta posición obstinada de Chillón, el alcalde pedáneo de Guadalmez llevará el caso hasta la Diputación Provincial de Ciudad Real, para que medie en la disputa, pero el órgano de administración provincial no quiere entrar a debatir el fondo del asunto y la legitimidad de la proposición. Aferrándose al requisito de poseer como mínimo 2.000 habitantes, la petición será desestimada por vulnerar el articulado de la Ley Municipal vigente.

La negativa de la corporación provincial, congeló durante más de 40 años las aspiraciones separatistas de la aldea, pero con la llegada a la alcaldía de la Junta Administrativa que regía Guadalmez de D. Manuel Redrejo Romero, los viejos anhelos de segregación van a tomar un nuevo impulso. Este alcalde se va a marcar como meta convertir esos anhelos en una realidad, aunque ello le cueste sacrificar varios años de su vida y así, el 10 de octubre de 1925, va a dar el primer paso con el reconocimiento de la antigua aldea de Los Palacios de Guadalmez como Entidad Local Menor, con un Alcalde Presidente y una Junta Vecinal a la cabeza, además de un alto grado de autonomía para la gestión de sus propias tierras, de conformidad a lo expresado por el Título I del Reglamento sobre población y términos municipales de 2 de julio de 1924.

El 9 de noviembre de 1925 la Junta Vecinal de Los Palacios de Guadalmez dirigirá una instancia a la Corporación Municipal de Chillón, que leída en sesión extraordinaria el 15 de noviembre, solicitará el señalamiento de jurisdicción de sus tierras y la división del patrimonio en común, que por justicia y por haber contribuido también ellos a su formación les pudiera corresponder, de arreglo al artículo 5 del citado Reglamento de 2 de julio de 1924.

El Ayuntamiento de Chillón, aferrándose a una Real Orden de 6 de abril de 1925 señalará que a la única jurisdicción territorial que tiene derecho la aldea es a la que alcanza el casco urbano y a los terrenos circundantes que posean o cultiven los vecinos de la misma, por lo que ordenará la constitución de una Comisión, compuesta por los concejales D. Enrique Martínez García y D. Juan de la Calle Toledano y asistidos por D. Ciriaco Almena Aceñero, D. Zacarías Amaro Toledano y D. Felipe Cabrera Serrano, vecinos de Chillón, para que lleve a cabo el señalamiento del territorio asignado a la Entidad Local Menor y que va a comprender la Dehesa de Valdesapos, los demás Quintos unidos a ella y los terrenos colindantes.

En relación a la petición de la Junta Vecinal de Guadalmez para su participación en el patrimonio común de la villa de Chillón, la Corporación Municipal chillonense la considerará caprichosa y falta de derecho pues señalará que el art. 5 del Reglamento sobre población y términos municipales de 1924, basado en un amplio espíritu de autonomía, podría lesionar los intereses legítimos de la matriz quedando ésta incapacitada económicamente para desenvolverse y administrarse, por lo que rechazará unilateralmente tal propuesta. Con ello, el Ayuntamiento de Chillón deja claro que si su antigua aldea quiere separarse de él, el coste de tan gravosa acción para Chillón, consistirá en la renuncia por parte de nuestra Junta Vecinal de los derechos que por justicia le corresponden en el patrimonio común.

A pesar de ello, el 20 de octubre de 1926, la Corporación Municipal de Guadalmez volverá a instar un nuevo expediente de segregación, en el que con ánimo reconciliador, recortará sus pretensiones jurisdiccionales al marcar como término municipal:

“...desde el término municipal de Capilla, límite de esta provincia con la de Badajoz, alto de la sierra conocida con el nombre de Doña Justa y de la Burdia cordillera adelante con dirección levante, por la mojonera que divide las dehesas de la Pared con los Quintos Cerro de San Antonio, de las Navas y del Peralejo, pasando por Puerto Mellado y Puerto de las Cuevas hasta Puerto Ancho, o hasta donde se encuentre la mojonera que divide las propiedades de D. Juan Francisco Mendoza con la de los Sres. Herederos de D. Fernando Márquez Cárdenas. Desde este sitio con dirección sur por la mojonera antes indicada pasando por Manantivo y Batanejo hasta el río de Guadalmez frente a la Estación de los Pedroches... quedando dentro del nuevo término Municipal de Guadalmez las propiedades del Sr. Mendoza y en el de Chillón la de los Srs. Márquez”

y en relación a su participación en el patrimonio común, exige un reparto proporcional, tomando como base el número de habitantes, por lo que a Guadalmez le debe corresponder una cuarta parte tanto de la Dehesa Boyal como del Quinto de Vacosa, más 150.000 pesetas de la inscripción nominativa de la deuda perpetua.

Dicho expediente será desestimado el 6 de diciembre por el Ayuntamiento chillonense alegando simplemente la falta de forma del documento. Pero las leyes ya están a favor de esta antigua reivindicación, a pesar de que planteamientos egoístas por parte de la villa matriz intenten desesperadamente levantar obstáculos a la misma, y por ello, D. Manuel Redrejo, con la firma de la mayoría de los vecinos de la aldea, dirigirá una Instancia al Exmo. Señor Subsecretario del Ministerio de la Gobernación volviendo a plantear el expediente de segregación.

Ante la actitud positiva hacia la segregación que muestra Madrid, el Ayuntamiento de Chillón, dirigido en esas fechas por D. Fernando Márquez de Prado Chacón, comienza a recoger velas y en sesión extraordinaria del 23 de marzo de 1927, hace constar:

“Que nada tiene que censurar ni reprochar a la petición de segregación e independencia que formulan los de Guadalmez, puesto que reconocen que el deseo de libertad e independencia es una aspiración natural y como tal legítima en todo ser u organismo haciendo esta declaración con la lealtad y franqueza habituales en nosotros y con la alteza de miras que es y ha sido siempre nuestra norma y conducta en la vida oficial”

El expediente enviado a Madrid, será informado favorablemente por la Dirección de Administración y el Consejo de Estado, llegando por fin al Consejo de Ministros, presentado por el entonces ministro de la Gobernación, Severiano Martínez Anido, en los siguientes términos:

"SEÑOR: La mayoría de los vecinos de la Entidad Local Menor de Guadalmez desean segregarse del Ayuntamiento de Chillón al que actualmente pertenecen, para constituir Municipio independiente, ambos en la provincia de Ciudad Real.

Fundan su petición en estar el poblado a 15 kilómetros del Ayuntamiento, con camino escabroso; en que cuenta con 350 electores y con industrias de todas clases, cosechando por término medio 15.000 quintales métricos de trigo al año, estando dotado de Escuelas, médico, cura y otros servicios necesarios para su vida, habiéndose comprometido ante notario a subrogarse en el pago proporcional de débitos que pudieran corresponderle.

El Ayuntamiento de Chillón, se opone a la segregación sin alegar razón fundamental alguna, limitándose a dudar de la posibilidad de que el nuevo Municipio cuente con medios de vida.

La Dirección de Administración y el Consejo de Estado informan favorablemente de la segregación, fundados en lo que han solicitado la mayoría de los vecinos de la porción que ha de segregarse en que no se merma la solvencia de los Ayuntamientos en perjuicio de acreedores y en que ni uno ni otro Municipio carecerá de los medios necesarios para el cumplimiento de sus fines; estimando, por otra parte, que en la tramitación del expediente se han cumplido todos los requisitos legales.

Por todo lo cual, el Ministro que suscribe tiene el honor de someter a la aprobación de V.M. el adjunto proyecto de Decreto Ley.

Madrid, 15 de noviembre de 1927
SEÑOR
A.L.R.P. de V.M.
Severiano Martínez Anido"


Finalmente, la decisión del Consejo de Ministros será favorable y por ello, el rey Alfonso XIII sancionará en el Palacio Real de Madrid el Real Decreto Ley nº 1946, de 15 de noviembre de 1927, por el cual se reconocerá la condición de Municipio a la antigua aldea y se le asignará, según su art.2, el término municipal que tuviere como Entidad Local Menor, lo que comprendía un total de 7.190 Ha con 26 ca.

Este acuerdo de segregación será publicado oficialmente en la Gaceta de Madrid, el martes 22 de noviembre de 1927, fecha a partir de la cual surte sus efectos legales, y que se expresa en los siguientes términos:

"De conformidad con el Consejo de Estado y de acuerdo con el de Ministros, vengo en decretar lo siguiente:

Artículo 1º- Se accede a la segregación de la Entidad Local Menor de Guadalmez, del Ayuntamiento de Chillón, para constituir Municipio independiente en la provincia de Ciudad Real

Artículo 2º- El término municipal del nuevo Ayuntamiento será el que tenga actualmente como Entidad Local Menor, verificándose su demarcación, deslinde y amojonamiento con arreglo a los artículos 27, 28 y 29 del Reglamento sobre población y términos municipales de 2 de julio de 1924.

Dado en Palacio a quince de noviembre de 1927.

ALFONSO.- El Ministro de la Gobernación, Severiano Martínez Anido.-"


Con su municipalidad recién estrenada, Guadalmez se debe enfrentar a la delimitación definitiva de su término municipal, para lo cual se van a constituir dos Comisiones, designadas por los respectivos Ayuntamientos, que deberán llegar a un acuerdo sobre el asunto, y así el 17 de junio de 1928, las dos Comisiones se reunirán en la Estación de los Pedroches.

Para la Comisión de Guadalmez, integrada por el alcalde, D. Manuel Redrejo, los concejales D. Bautista Pizarro Giménez, D. Rufino Moreno Bejarano y D. Eulogio Pizarro Moreno, y los vecinos D. Leandro Gómez López y D. Pedro Quero Rayo, y a tenor del art.2 del citado Real Decreto, el término que debe ser amojonado es:

“...por pertenecer a este anejo de Guadalmez desde tiempo inmemorial en usos y costumbres y determinado por la misma matriz de Chillón ... empezando en la mojonera de Capilla y límite de la provincia de Badajoz, en lo alto de la Sierra de Doña Yusta, cordillera adelante hacia saliente por puerto de las Cuevas, puerto Ancho, puerto de Aznarón, hasta la tabla del Lino, donde termina dicha sierra, desde este punto y atravesando el río, carretera y vía férrea, hasta llegar a la mojonera del Saladillo y término de Alamillo...”

y dicha delimitación la basaban en los siguientes criterios:

“...el hecho real de haberse cobrado toda clase de arbitrios y derechos municipales por los agentes encargados por Chillón al efecto y como concepto del distrito de Guadalmez. Del mismo modo se reconoce este distrito en las listas electorales desde que existe colegio en este pueblo, en las cuales aparecen electores residentes en el término indicado, así mismo, es costumbre inveterada, que todos los residentes en lo demarcado, vengan a este pueblo a sus funciones religiosas y para sus inserciones de bautismos, matrimonios y defunciones parroquiales...”

La Comisión del Ayuntamiento de Chillón se va a oponer a dicha delimitación “... por caer en su perímetro propiedades de altos señores de Chillón, que ejercen presión en el ánimo de los reunidos...” y va a proponer otra diferente que según criterio de la Comisión guadalmiseña secciona la propiedad enfitéutica, donada por el Marqués de Comares, y por haberse realizado a espaldas suyas y de manera caprichosa, sin ninguna base de justicia ni equidad. A parte de ello “...la Comisión de Chillón según manifestación expresa, traían orden de no ceder la parte que nos correspondiera del patrimonio mancomunado de la villa de Chillón...”, por lo que se originó una acalorada discusión, que impidió llegar a un acuerdo, lo que motivó que cada una de las Comisiones levantase su acta respectiva; y pese a la queja que el Alcalde de Guadalmez, D. Manuel Redrejo Romero, elevó ante el Exmo. Sr. Gobernador Civil de Ciudad Real, la propuesta de nuestra Comisión será desechada, quedando finalmente asignado como término municipal, el propuesto en el expediente de segregación del 20 de octubre de 1926. El Ayuntamiento de Chillón había podido perder la guerra, pero se va a reservar la victoria de la batalla territorial.

En abril de 1928, el alcalde de Guadalmez elevará al Ministerio de Gracia y Justicia una instancia solicitando la creación de un Juzgado Municipal, alegando el inconveniente para los habitantes del nuevo municipio de tener que acudir a Chillón tanto para la administración de Justicia como para las oficinas del Registro civil, y en base al párrafo primero de la Ley de Justicia municipal, de 5 de agosto de 1907, que exigía en cada municipio un Juzgado Municipal, el Rey decretará su creación el 14 de abril de 1928:

“…S.M. el Rey (q.D.g.) ha tenido bien disponer, de conformidad con el dictamen que en el expediente ha emitido la Sala de gobierno del Tribunal Supremo, la creación en el pueblo de Guadalmez, de un Juzgado municipal con el mismo territorio jurisdiccional que el asignado a su Ayuntamiento, que dependa para todos los efectos judiciales del Juzgado de primera instancia e instrucción de Almadén…”

Tras la Real Orden, comenzará a funcionar el nuevo Juzgado, nombrándose un Juez Fiscal, sus suplentes respectivos y los dependientes necesarios para el servicio del mencionado Juzgado, y así mismo todo lo relativo al servicio del Registro Civil, siendo Santiago García-Mohedano el primer guadalmiseño inscrito en él, tras su nacimiento. Guadalmez ya es un municipio de pleno derecho.
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EL SOPLO DE ATENEA

Mensaje  camome el Jue 13 Dic - 17:53

EL SOPLO DE ATENEA

Una serie de murmullos encadenados se fueron apoderando de la acústica del salón donde se estaba celebrando la primera sesión del Congreso, que sobre Eduación, estaba teniendo lugar en Madrid. Era el año de 1882 y acababa de presentar sus conclusiones un maestro procedente de la aldea de Guadalmez, población a la que sitúan allá por los confines de la provincia de Ciudad Real. Su nombre, Don Leandro Niño Fernández-Izquierdo, y la conclusión a la que había llegado, tras exponer su memoria escrita de quince puntos en los que pedía atención para los principales problemas del maestro y la escuela, dejó a más de uno de aquellos ilustres pedagogos con la sangre más coagulada que la de San Pantaleón: A los analfabetos se les debía enviar a Cuba y Puerto Rico . Así de claro, esa fue su propuesta, la misma que escuchó otro vecino ocasional de la aldea, que también se encontraba presente en este congreso como catedrático de la Universidad Central de Madrid. Su nombre, D. Segismundo Moret y Prendergast, el mismo que unos años antes, el 4 de julio de 1870 había promulgado, siendo ministro de Ultramar, la ley de abolición de la esclavitud para esas mismas islas de Cuba y Puerto Rico. Curiosa coincidencia de dos hombres tan dispares y que tan bien conocían el mundo rural de aquella España finisecular, uno desde la escuela y el otro desde su Palacio de la Vega de San Ildefonso, donde pasaba largas temporadas cuando su actividad política se lo permitía. Un mundo rural, en ambos casos, que tenía nombre propio, Guadalmez, universo geo-social y cultural, cuya realidad presuponemos, o más bien queremos presumir, nada tendría que ver en la elaboración de un planteamiento tan radical.

Más de uno de los allí presentes debió preguntarse si D. Leandro sería consciente del clima bélico reinante en aquellos territorios ultramarinos, clima desencadenado por las revueltas de los criollos contra la Corona para hacerse con el poder en las islas. Eran los años en los que José Martí, ese hombre sincero de donde crece la palma, hablaba ya de una Cuba independiente y libre, y que terminarían en 1898 con el desastre patrio de la llamada “Guerra de Cuba” y la taimada intervención de los Estados Unidos. Lo cierto es que la propuesta no deja de ser llamativa, y nadie puede negar que no pasara desapercibida ante aquel docto auditorio. ¿Qué habría pensado de ello D. Segismundo?

Años más tarde, el diario La Iberia de Madrid, recogía la noticia de un nuevo Congreso Pedagógico de ámbito hispano-portugués-americano, celebrado en julio de 1892, y señalaba entre sus asistentes a: “... D. Leandro Niño, maestro de la Escuela pública de Guadalmez...” , junto a miembros y rectores de Universidades, ateneos, e incluso el ministro brasileño Sr. da Cahna. Con motivo de la mayoría de edad del rey D. Alfonso XIII, se celebró en el Palacio de Museos de Madrid un Festival Académico, el 24 de mayo de 1902, en el que también participó D. Leandro en representación del magisterio de la provincia de Ciudad Real, y fue designado, por la Junta Provincial de Instrucción Pública, para formar parte el 12 de octubre de 1904, en representación de los maestros de la comarca de Almadén, de la comisión que debía presentar sus respetos al Monarca en su visita a la provincia. ¡Vamos!, que nuestro maestro podría vivir bucólicamente entre ovejitas y verdes prados, sesteando bajo la sombra de una encina arrullado por el cantar de los gorriones, pero seguía manteniendo vivo el vínculo con el mundo de la cultura y con las novedades que sobre la educación se cocinaban en la villa y Corte. Un verdadero lujo para sus alumnos, esas primeras generaciones de guadalmiseños que, de forma igualitaria, recibirán instrucción y a los que por fin se les entregaban los instrumentos necesarios para acabar con siglos de analfabetismo. No solo la formación educativa y la asistencia a Congresos pedagógicos colmarán su tiempo, sino que el estudio de la realidad que le rodea acapararán también su atención, y fruto de ello será la publicación de su obra “Tratado geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Ciudad Real”, que verá la luz en 1897, editado en un tomo encuadernado en rústica y de 164 páginas. Años más tarde, en 1905, la editorial Sucesores de J.M. Ruiz-Morote de Ciudad Real, publicará una segunda edición, reformada, notablemente ampliada y aprobada por Real Orden de 8 de junio de 1898 de 176 páginas. En el libro lleva a cabo una descripción de la provincia manchega, de sus montes, ríos, población y economía, que lo convierten en un magnífico ejemplar como manual para conocer el medio por parte de los escolares de Guadalmez y del resto de la provincia . Concretamente, y en referencia a Guadalmez, escribirá en 1897:

“...Antes Palacios de Guadalmez, perteneciente al señorío del Marquesado de Comares, a una legua del antiguo y derruido castillo de Aznaharon y a quinientos setenta y cinco metros de elevación, forma límite con las provincias de Badajoz y Córdoba, o sea con Garlitos, Capilla y Peñalsordo de la primera y con Santa Eufemia y el Viso de la segunda, pasando el río de su nombre a trescientos metros de distancia y la vía férrea a quinientos; pero la estación de Pedroches que es la más próxima está a cuatro kilómetros, y a seis la de Belalcázar, aprovechando el telégrafo del Gobierno de la estación de Chillón, que está a una legua.

Al ser anejo de Chillón se instruyó expediente de segregación, en mil ochocientos ochenta y uno, por los muchos y buenos elementos de vida con que cuenta; pero faltándole solo tener los dos mil habitantes que exige el artículo segundo de la Ley Municipal, fue denegado por la Diputación.

En el año mil quinientos diez y seis, según escritura otorgada en el castillo de los Donceles, el Duque de Medinaceli le hizo donación de una magnífica dehesa, la que dividida en tres quintos se dedica, uno de ellos a labor todos los años y los otros dos a pastos, sin que sus vecinos tengan que pagar nada por esas labores.

A dos kilómetros de distancia empiezan las excelentes posesiones de la Vega de San Ildefonso, propiedad del Excmo. Sr. D. Segismundo Moret, cuyo señor, con su familia, pasa algunas temporadas del año en el suntuoso Palacio que en ellas tiene.
Guadalmez, cuyo origen data de la dominación árabe y que está defendido al Norte por elevados cerros, cuenta con ochocientos habitantes, los que se dedican a la agricultura, a la crianza de animales y a la caza.

Su Iglesia parroquial de San Sebastián, que hasta el establecimiento del Obispado de Ciudad Real, perteneció al de Córdoba, está servida por el Párroco, teniendo para la Instrucción primaria, una Escuela Elemental de niños y otra de niñas, establecidas en locales alquilados, que dejan bastante que desear...”

Aparte de este Tratado, a su pluma se deben también una Historia Sagrada, con la pertinente aprobación eclesiástica, y numerosos artículos en los periódicos provinciales El Magisterio, La Enseñanza, La Provincia y El Eco de Daimiel, o en los nacionales, El Magisterio Español, La Defensa, La Educación Nacional, La Correspondencia de España, y otros muchos, en los que defendió soluciones favorables para la enseñanza.

D. Leandro Florentino Niño y Fernández-Izquierdo, pues este era su nombre completo, había nacido en la localidad ciudarrealeña de Villarrubia de los Ojos el día 13 de marzo de 1857, y siendo ya profesor de Instrucción Primaria en Guadalmez, recibirá el 21 de octubre de 1895, de manos de la reina regente María Cristina, y en nombre de su augusto hijo D. Alfonso XIII, el título de Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica, con el aval del marqués de Perales. La concesión de dicho título había sido propuesta por el Ministerio de Fomento el 7 de enero del citado año de 1895.

De ideología liberal, D. Leandro fue un gran admirador de D. Claudio Moyano, Eugenio Montero Ríos y D. Eduardo Vicenti y Reguera, pudiendo encuadrar su pensamiento en el movimiento regeneracionista que por aquellos años de finales del siglo XIX y principios del XX tanto predicamento tuvo entre los principales intelectuales de la época, un movimiento que con gran afán se dedicó a analizar las causas de la decadencia de España y sus posibles soluciones. Varios artículos por él publicados así lo reflejan, concediendo gran importancia al desarrollo educativo español y a la mejora de las condiciones laborales de los Maestros de primera enseñanza.

Con anterioridad a estas fechas, la labor de educar a los aldeanos había recaído en los vicarios de la parroquia de San Sebastián y en los hermanos franciscanos del Convento de San Antonio, aunque dicha educación se habría limitado al conocimiento de la doctrina cristiana y a ciertas nociones rudimentarias de escritura y lectura. Aparte de ello, es cierto que algunos aldeanos bien pudieran haber asistido a las clases que se impartían en la Cátedra de Gramática, que en 1645 fundara en la villa de Chillón el bachiller Juan Arias Caballero, y que funcionó hasta el año de 1802, a tenor de los censos que a su favor establecieron guadalmiseños como Rodrigo Sánchez o Cristóbal García de la Gutierra y su mujer, quienes en 1668 le otorgaron a la mencionada Cátedra un censo de 15 reales de vellón de renta cada año. También el presbítero Don Francisco García Alfaro, natural de Chillón y emigrado a la ciudad de Lima en Perú, fundará como obra pía unas escuelas de Niños y Niñas de Primeras Letras, dotadas con un censo de 9.740 reales en su villa natal, a la que podrán asistir todos los vecinos de la misma, incluidos los moradores de su aldea. Estas escuelas estarán atendidas por un maestro al que se le abonará, gracias al citado censo, un sueldo anual de 292 reales y seis maravedíes de vellón.

El origen de la Escuela pública en Guadalmez habría que buscarlo en la Ley de Instrucción Pública de 9 de septiembre de 1857, o como comúnmente se la denominaba, Ley Moyano, por ser este ministro, D. Claudio Moyano, su propulsor, y más concretamente en su artículo 100 que señalaba que “…En todo pueblo de 500 almas habrá necesariamente una Escuela pública elemental de niños, y otra, aunque sea incompleta, de niñas..” , y es por ello que dos años más tarde, en agosto de 1859, La Gaceta de Madrid publicaba la plaza vacante de maestro en la Escuela de Niños de Guadalmez con un sueldo anual de 2.000 reales. Esta primera Escuela se ubicó en las mismas Casas del Concejo y del Pósito de la Aldea, en la Calle de Medinaceli o de Enmedio, y en ellas permanecería casi un siglo, hasta que a mediados del siglo XX se construyera un nuevo local en los terrenos del Ejido.

Siguiendo con lo expuesto por la Ley Moyano, y a tenor de su artículo segundo, en esta escuela de primera enseñanza elemental se debían impartir los siguientes conocimientos:

“…Primero. Doctrina cristiana y nociones de Historia sagrada, acomodadas a los niños.
Segundo. Lectura.
Tercero. Escritura.
Cuarto. Principios de Gramática castellana, con ejercicios de Ortografía.
Quinto. Principios de Aritmética, con el sistema legal de medidas, pesas y monedas.
Sexto. Breves nociones de Agricultura, Industria y Comercio, según las localidades…”

Durante los primeros años de la Escuela la plaza de maestro quedó varias veces vacante, y casi todos los años se producía un cambio de titular en la misma, que tal y como marcaba la Ley de Instrucción, no se ganaba por oposición, sino que se anunciaba la vacante para que los interesados presentasen sus solicitudes y se nombraba a propuesta de la Junta provincial de Instrucción Publica, teniendo en cuenta los méritos de los aspirantes. Así en enero de 1861, julio de 1862, enero de 1863 o marzo de 1864, apareció nuevamente publicada la vacante en la escuela de niños de Guadalmez y con el sueldo ya referido de los 2.000 reales. Esta situación se volverá a repetir diez años más tarde, en septiembre de 1874 y en agosto de 1875 , pero ya con un sueldo anual de 500 reales, debido a la apreciación de la moneda.

Será a partir del 15 de diciembre de 1875, fecha de su toma de posesión, cuando el referido D. Leandro Niño ocupe la plaza de maestro de primera enseñanza elemental en la aldea de Guadalmez y en la que permanecerá hasta bien entrado el siglo XX, convirtiéndose por derecho y méritos propios en la figura histórica más relevante de la educación en la localidad. Su apego a la aldea y su compromiso con la alfabetización llegó a ser de tal calibre, que incluso durante los años de 1884, 1887 y 1888 puso en marcha y desempeñó gratuitamente la Escuela de adultos, llegando incluso a pagar de su propio bolsillo el coste del alumbrado y el material escolar. Reconocida su labor por la Junta local en 1884 y la provincial en 1887 y 1888, también el Magisterio Español se hizo eco de su actitud:

“... El ilustrado Maestro de primera enseñanza, D. Leandro Niño, ha ofrecido regentar gratuitamente la Escuela de adultos de Guadalmez (Ciudad Real), en caso de que el Ayuntamiento no cuente con recursos para sostenerla...”

A punto estuvo Guadalmez de perder a tan benéfico personaje, pues dos años después de su llegada a la aldea, en 1877, y debido a unas calenturas intermitentes, que le tenían postrado en cama, el médico D. Luis Vigara y Bermejo le aconsejó el cambio de aires. El mismo D. Leandro lo contaba así en una carta enviada al Director general de Instrucción pública el 1 de junio de 1877:

“… como lleva desde el próximo pasado verano, padeciendo alternativamente calenturas intermitentes; y desde el pasado enero, con dolores reumáticos; y gracias a las medicinas recetadas por el médico que expide la adjunta certificación que se acompaña, ha podido el dicente hallar bastante mejoría en los padecimientos que le tenían postrado en cama. Y habiendo indicado el Sr. Médico la necesidad de abandonar este pueblo bastante enfermo por las corrupciones de aires, efecto de las mismas de una laguna que existe próxima y río que lleva el mismo nombre de este pueblo, es la causa de dirigir a V.S.I. la presente por la necesidad de buscar otros aires más puros en la presente estación…”

Al final, tras serle concedida una licencia de tres meses para su recuperación, ocupando la vacante en la escuela su ayudante D. Pedro de la Cámara, regresó a su aldea, en la que permanecería ya hasta su muerte.

Si bien, tuvo algunos problemas con la Junta de Instrucción Pública de Ciudad Real por sus métodos de enseñanza, no fue expedientado por ello, como le ocurrió tras la inspección a la que fue sometido en 1903, y que en mayo de ese mismo año, la propia Junta desechaba al no encontrar cargos para tal acusación:

“…Informar a la superioridad, de acuerdo con la Inspección, que no procede la formación de expediente gubernativo al Maestro de la Escuela pública de niños de Guadalmez, anejo de Chillón, D. Leandro Niño y Fernández Izquierdo, por no resultar cargos en su contra…”

Pero todos estos malentendidos debieron influir en la decisión del Consejo de Enseñanza Nacional, para que a una persona con su trayectoria pedagógica, su formación, su generosidad y su faceta de autor, se le desestimara en agosto de 1924 su instancia de ascenso o ascensos que por tales servicios y méritos le correspondiera, pese a haber sido nombrado a finales del siglo XIX como Caballero de la Real Orden de Isabel La Católica y otorgado el Diploma para el uso de la Medalla de Plata de S.M. el rey D. Alfonso XIII, honores que atestiguaban el reconocimiento que por parte del Estado se le atribuía.

Por lo que respecta a la Escuela de Niñas, y a tenor de lo expuesto en la Gaceta de Instrucción Pública de 25 de septiembre de 1890, su establecimiento se llevó a cabo ese mismo año:

“... Por consecuencia del último censo de población se han creado en la provincia de Ciudad Real siete Escuelas, distribuidas del modo siguiente:...Guadalmez (Chillón), una elemental de niñas, con 625 (pesetas);...”

Y ya en octubre del citado año aparecería publicada la plaza vacante por concurso de ascenso , otorgada el 5 de febrero de 1891 a Doña María Matea Ruiz y Cuesta, que procedía, como profesora auxiliar, de la escuela de Puertollano. Su nombramiento por el Rector de la Universidad Central se publicó oficialmente el 25 de marzo de 1891, asignándosele un sueldo anual de 625 pesetas.

Esta Escuela femenina se estableció en el mismo lugar que la Escuela de Niños, es decir, en las Casas del Concejo, siendo Doña Matea Ruiz la primera maestra que ocuparía la citada plaza, y que aún en 1905 compartiría la labor educativa con D. Leandro Niño . Parece ser que este sería su último año en la aldea, pues aprobado el expediente de sustitución, por la Secretaría de Instrucción Pública, el 27 de septiembre de ese mismo año, Doña Matea no volvería a ejercer su labor en el próximo curso.

En noviembre de 1909, Don Leandro Niño dirigirá una instancia al Ministerio de Instrucción Pública con la súplica de que se autorice por parte de éste el paso de los Maestros de 625 pesetas de sueldo a las sucesivas categorías, siempre que lleven quince años de servicios, tengan las oposiciones aprobadas y estén incluidos en el escalafón de la provincia por méritos . Lo cierto es que nadie puede negar la actividad que este Maestro pudo desarrollar desde una pequeña aldea, y su continua preocupación por la enseñanza en este país y en especial por la situación de los Maestros en el medio rural. De uno de sus artículos, Cambio de postura, publicado el 15 de junio de 1900 en la Gaceta de Instrucción pública, podemos leer al respecto:

“...Asegurar el pago de los exiguos haberes que disfrutan los Maestros, parece ser el asunto de que se ocupa ahora el primer Ministro de Instrucción pública, asunto que es conveniente lo resuelva en forma tal, que el caciquismo no encuentre el medio de vulnerar la disposición que publique el Sr. García Alix; deseando que este señor, ya que los sueldos son tan ínfimos, si no encuentra el medio de aumentarlos ahora al tipo que fijaba el Sr. Vicenti en El Imparcial, a que antes nos hemos referido, busque el de englobar las retribuciones al sueldo en la tercera parte de éste, así como también que, puesto de acuerdo con el Ministro de Hacienda, fije el tipo con que los Maestros deben contribuir por consumos, con arreglo al sueldo que disfruten, en aquellos pueblos que estén por repartimiento, con el fin de evitar los graves abusos que con los mismos suelen cometer la mayor parte de las Juntas repartidoras.

Para no resultar hoy demasiado difusos, terminaremos rogando que se quiten las atribuciones que el vigente Reglamento de provisión de Escuelas concede a las Juntas locales, atribuciones que jamás debieron concederse, pues no era dudoso el saber con antelación los grandes e innumerables abusos a que las mismas darían lugar, como viene denunciando la prensa todos los días, aunque lo mejor aún sería suspender todo lo legislado recientemente respecto a Escuelas Normales y provisión de las de primera enseñanza, dejando todo como estaba antes de las reformas del Sr. Gamazo, con lo que se evitarían los grandes perjuicios que están irrogando al Magisterio en general, y en particular a los Maestros sin Escuela que no tienen derechos adquiridos, como demostramos en el artículo en que pedíamos se accediese a la pretensión de los que quedaban sin Escuela en las últimas oposiciones, después de aprobados los ejercicios...”

El 5 de noviembre de 1911 las escuelas de Guadalmez van a recibir una visita muy especial. Se trata del Inspector Provincial de 1ª Enseñanza D. Francisco Sánchez Sánchez, quién llegará para examinar las condiciones en las que se encuentran los locales donde los maestros D. Leandro Niño y Doña Blasa Rodríguez Pizarroso imparten sus clases y que en las actas de la Junta Local de 1ª Enseñanza, reunida en sesión extraordinaria el 9 de noviembre de ese mismo año, hace constar que:

“… referente a los locales, tanto los de la Aldea como los de aquí reúnen excelentes condiciones de capacidad, luz y ventilación, si bien los de Guadalmez son un poco húmedos, todo lo cual revela los entusiasmos que el Ayuntamiento de esta villa, los señores de la Junta Local y los vecinos de la Aldea sienten por la enseñanza, razón por la cual les felicitaba en nombre del Gobierno de su majestad (q.D.g.) y muy particularmente el respetable y regio Presidente de dichas corporaciones…”
A pesar de esta apreciación tan favorecedora hacia el espíritu educativo que parecía reinar en la Aldea, los datos que arroja el Censo de 1930 sobre Instrucción Elemental no son nada positivos, pues señalan que de los 1.669 habitantes con los que contaba Guadalmez en esas fechas, 481 varones y 653 mujeres no saben leer ni escribir, pudiendo presumir únicamente de conocer esas habilidades 153 mujeres y en número de 366 por parte de los varones, cifra que supone más del doble que la de la población femenina, a pesar de la buena labor, que no ponemos en duda, de Doña Matea Ruiz, de Doña Blasa Rodríguez y de Doña Paz Paula García Priego, quien ganó la plaza por oposición el 21 de febrero de 1919 , o de Doña Consuelo Algora, que siendo maestra de Guadalmez, consiguió el título de Maestra Superior en octubre de 1924. Pero lo cierto es que aún estamos en esos tiempos en los que el saber popular aplicaba esa máxima de que la mocita casadera, casa quiere, y no estaba bien visto que la mujer recibiera otro tipo de instrucción que no fuera la de coser, lavar y cocinar. Para octubre de 1934, una nueva maestra, Doña Mercedes Ortega de la Cruz, ocuparía la plaza en sustitución de Doña Consuelo, pero sólo durante el curso académico 1934-1935, que abandonaría antes de finalizar.
En 1936 se encargará un proyecto, al arquitecto D. Telmo Sánchez, para la construcción de unas nuevas escuelas en el recientemente constituido municipio de Guadalmez, que puedan dar una solución ajustada y definitiva al problema que el incremento de población, producido en el primer cuarto de siglo, ha provocado . La situación de hacinamiento era de tal envergadura, que en palabras de Doña Araceli Ontañón, recién llegada como maestra de la Escuela de Niñas en 1935, la realidad de la educación en la Aldea se podría resumir de la siguiente manera:
“…Vine a este pueblo en 26 de Enero de 1935. Era la única Maestra y un Maestro. El pueblo no estaba como ahora, ni como vosotros lo podéis recordar en vuestra juventud. No teníamos luz la mitad de los días, un motor de gas, pobre, nos la daba. La vida en este pueblo era misérrima. Os diré como anécdota que los únicos que desayunábamos café con leche éramos: el Cura, el Médico y yo…en Guadalmez existían dos escuelas unitarias, con unas matrículas exageradas, con una asistencia irregular, ya que no era obligatoria, con falta de material, mobiliario, las mesas eran bancos de 4 ó 6 plazas y las más pequeñas tenían que traer sillas ya que no había plazas en las bancas para ellas. Había épocas que la matrícula era de 80 niñas y como se dice anteriormente la Escuela apuntalada. En el edificio en planta baja, las dos escuelas unitarias, niños y niñas, en el piso superior estaba el Juzgado y el Ayuntamiento encima de cada una de ellas. Se carecía de servicios higiénicos y los niños y niñas tenían que ir a los corrales de las casas colindantes…”
Debido al estallido de la Guerra Civil, el proyecto de 1936 para la construcción de unas nuevas aulas quedó olvidado , a pesar de que las antiguas aulas se encontraban apuntaladas y con riesgo de derrumbe, y en torno a 1940 las escuelas serán trasladadas a otro local, mientras el Ayuntamiento acondiciona el antiguo edificio de las Casas de Concejo y adquiere nuevo mobiliario, careciendo aún de servicios públicos. A estas dos escuelas unitarias existentes, que venían siendo atendidas por los maestros D. Narciso Mallón, para los niños y Dª Araceli Ontañón, para las niñas, se van a añadir dos más, también unitarias, servidas por Dª Fermina Muñoz y D. Crescencio Gil.

No será hasta el año de 1957, cuando con la presencia del Gobernador provincial de Ciudad Real, D. José Mª del Moral y la del comisario de Extensión Cultural, señor Jiménez Quiles, se inauguren las nuevas escuelas en los terrenos del antiguo Ejido, junto a la laguna de la aldea, y se le den el nombre de tan insigne invitado, Grupo Escolar José Mª del Moral, que estará formado por dos Agrupaciones Escolares, una de niños y otra de niñas bajo el buen hacer de cuatro maestros: D. Crescencio Gil, D. Timoteo Gª Pinilla, D. Humberto Blanco y D. Cándido Muñoz. Y de tres maestras: Dª Araceli Ontañón, Dª Carmen Antón y Dª Gloria Tapia.

Años más tarde, se iniciará la construcción de dos nuevas aulas más pequeñas, que el gracejo popular vendrá a bautizar como “cajas de cerillas”, y que sí contarán con servicios higiénicos, estableciéndose en ellas una escuela de párvulos que pasará a depender de una nueva maestra, Dª María García Fernández.

Durante la década de los años sesenta se establecerá como obligatoria la asistencia a clase y se pondrá en funcionamiento un Comedor Escolar con 35 plazas, para todos aquellos niños que viviesen en las casas de campo retiradas del núcleo urbano y para los que lo hicieran en la Estación de los Pedroches. El precio por los servicios del comedor estaba en torno a las 5 pesetas diarias, aunque existían varias plazas gratuitas para aquellos escolares cuyos padres no tuvieran suficientes medios económicos para hacer frente a dicha tasa. Este Comedor estuvo en funcionamiento durante 9 cursos, desde 1963 a 1972, y era atendido por una cocinera y un ayudante de cocina, cuyos sueldos eran subvencionados por el Ayuntamiento.

Como consecuencia del aumento de población que se sigue registrando en el municipio, y por lo tanto, del incremento de matriculaciones en el Colegio, en 1971 se inaugura un nuevo Grupo Escolar de 3 plantas en el que se establecerá ya una Dirección única y la Enseñanza será graduada por cursos y por etapas, a parte del preescolar, creándose así la Escuela Graduada Mixta, que va a contar ya con 275 alumnos matriculados, y en ella desarrollarán su labor cuatro maestros y cinco maestras . Nos encontramos en los años dorados de lo que hoy en día es el Colegio Público “El Parque”, de Guadalmez. Son los años en los que mi padre, Don José Carlos Mora Bejarano desarrollará su labor educativa, que casi durante cuarenta años ha llevado a cabo en el pueblo que le vio nacer. A él, y al resto de maestros que ayudaron en mi formación les estaré siempre eternamente agradecido por haberme abierto las puertas a un mundo como el de la Cultura, tan unido al hombre desde su misma existencia, que sin él, no habría forma de entender al ser humano.
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EN TIERRAS DE CAÍN

Mensaje  camome el Jue 13 Dic - 17:53

EN TIERRAS DE CAÍN

La pregunta que aquella mañana de junio todos los presentes en el Casino de Guadalmez se hacían, no era otra que la filiación o naturaleza de ese tal Pedro Vallina, que según el diario madrileño La Epoca de ese mismo día, 8 de junio de 1905 , era uno de los detenidos por el atentado perpetrado contra Su Majestad, Don Alfonso XIII, en las calles de París, y que a tenor de lo expresado en el mencionado periódico, había nacido en Guadalmez hacía 25 años:

“… Pedro Vallina, detenido en París por creérsele cómplice en el atentado de la calle Rívoli, nació en Guadalmés, provincia de Ciudad Real, el 24 de junio de 1879. Vivía en París desde hace años, consagrado a estudios médicos…”

Cierto fue que el 31 de mayo de 1905, el rey Alfonso XIII sufrió un atentado, junto al Presidente de la República francesa, al salir de la Ópera, en la rue Rivoli, del que saldrá ileso, aunque la explosión dejaría muchos heridos, y que unos días más tarde Pedro Vallina será detenido como presunto autor. Pero el diario La Época confundió su lugar de nacimiento, pues Vallina había nacido en Guadalcanal (Sevilla), y no en Guadalmez, aunque años más tarde, en la década de los treinta, ejerció de médico en Peñalsordo, Siruela y Almadén hasta el inicio de la Guerra Civil. Fue él, quien el 14 de abril de 1931 empuñó la bandera republicana en el balcón del consistorio almadenense, tras la proclamación de la II República, y el mismo que se acercó a Guadalmez para dar la noticia del nuevo régimen político, tal y como relata, en una carta enviada al diario Heraldo de Madrid, Damián Osorio Rayo, el 20 de mayo de 1931:

“... El célebre doctor Vallina, por su clara inteligencia en su profesión, como por sus humanitarias ideas, que rayan en el máximun de altruismo, es el hombre que el 14 de abril empuñó enérgicamente la bandera republicana que minutos después ondeaba en el balcón de este Ayuntamiento. Que no perdió momento, recorriendo bastantes pueblos, como Siruela, Agudo, Valdemanco, Guadalmez, etc., proclamando la República, y que hoy, es el mas firme sostén de ella...”

Por aquel año de 1905, la Aldea aún seguía estando aneja al Ayuntamiento de Chillón y contaba con más de un millar de habitantes, siendo su Alcalde pedáneo D. Leandro Gómez, el cura párroco D. Nicolás Díaz y Díaz, y el Médico D. Pedro Vigara, y atendiendo las Escuelas se encontraban D. Leandro Niño y Doña Matea Ruiz. Las Escuelas compartían local con el Ayuntamiento y se encontraban ubicadas en lo que antaño había sido el Pósito y las Casas del Concejo. Ya estaban en explotación las minas de plomo y plata de La Mina Bombita, en el Quinto de la Nava, a cargo del ingeniero D. Severiano Sánchez y Guadalmez presumía de un Casino, con Aurelio Pizarroso como presidente, y de una Sociedad, “La Taurina Cartagenera”, dirigida por Manuel Aguirre. El mismo Aurelio Pizarroso junto a Cesáreo Chamorro, Román Gamo y Juliana Montes formaban el gremio de comerciantes y como ganaderos aparecían inscritos Ángel Santos, el alcalde Leandro Gómez, Leoncio Quero, Román Gamo y Rufino Moreno. La Aldea contaba con una carnicería regentada por Juan Herrero y con cuatro zapaterías, la de Dionisio García Izquierdo, Luis Melero, Martín García y Raimundo Ruiz, y los vecinos Juan Herrera, Modesto Morán y Zacarías Sierra se dedicaban al trato en vinos y aceites. Como capataz de labores figuraba Pedro Alcázar y Salustiano Delgado lo hacía como capataz facultativo. De todos ellos, los más apreciados por la Hacienda Pública de su Majestad lo eran Andrés Moreno, Leandro Gómez López y Rufino Moreno Bejarano, por ser los únicos contribuyentes.

En 1906 estos vecinos pedirán a Rafael Gasset la construcción del camino vecinal de Guadalmez a la Estación de los Pedroches, camino que no sería declarado de utilidad pública hasta el 10 de enero de 1917 . Y en 1912, el alcalde Francisco Moreno publicará la oferta de la plaza de médico titular con un sueldo anual de 2.000 pesetas, al quedar vacante por fallecimiento de su anterior titular:

“…Alcaldía Constitucional de Guadalmez
La plaza de Médico titular de Guadalmez, provincia de Ciudad Real, distante unos cuatro kilómetros de la estación de Los Pedroches, en la línea de Ciudad Real a Badajoz, cuya línea pasa a menos de un kilómetro del pueblo, se halla vacante por fallecimiento del que la ocupaba. Este ayuntamiento o Junta administrativa ofrece 2.000 pesetas anuales como titular, pagaderas por trimestres vencidos, al Médico que la ocupe, para visitar sin iguales a estos vecinos. También se le admite poner botiquín por no existir botica y distar más de 12 kilómetros de los pueblos limítrofes donde existen. Además de esto la mina Bombita, que dista menos de tres kilómetros, abonará al Médico 25 pesetas mensuales por algún caso a que en ella tenga que asistir, siendo esto potestativo entre el Médico y la Compañía minera…”

No va a ser un buen año, en el recuerdo de los guadalmiseños, el de 1910, pues la plaga de langosta que sufrirá la aldea en mayo de ese año, estará a punto de acabar con las cosechas, principal recurso económico de la población, y sus vecinos, a los que no les llega la camisa al cuello, echarán la culpa de ello a la Condesa de Bornos:

“... Guadalmez. La langosta.
Interminables cordones de langosta están invadiendo este término, procedentes de las posesiones que en Extremadura tiene la condesa de Bornos. Dichos cordones, debido a lo lento de su marcha, están asolando cuanto encuentran a su paso devastador, tanto en yerbas, como cereales y hortalizas. De ahí las quejas que se oyen contra la expresada condesa, y que se estén segando medio verdes algunas cebadas y avenas, pagando crecidos jornales a los segadores...”

Todavía, el 7 de junio de 1910, el cordón de langosta no había remitido, y continuaba avanzando y devastando cuento encontraba a su paso, sin que la gasolina bastase a contenerla o disminuirla, asegurando algunos que la extensión del cordón era de más de tres leguas de largo.

Esta plaga de langosta, no era la primera vez que castigaba las tierras guadalmiseñas, pues ya en 1882, el diario madrileño La Discusión informaba en su edición de 1 de mayo que: “...La langosta se ha presentado en el pueblo de Chillón (Ciudad Real) de un modo tan alarmante, que de no procurar remediar este mal, asolará todos los campos...” . De mayor gravedad, si cabe, podríamos definir la plaga que nuevamente asolará la comarca a finales del mes de mayo de 1900, obligando al mismísimo ministro de Agricultura, Sr. Gasset, a trasladarse a Chillón, para comprobar en persona los medios que se estaban utilizando en su erradicación y asistir a las pruebas preparadas del sistema ideado por el Sr. Martinez Gomar, consistente en planchas de cinc, a modo de barreras, con las que chocarían las langostas, y al precipitarse a las zanjas, serían regadas con el insecticida Gomar: “... El Sr. Gasset pudo apreciar el efecto de las regadoras para esparcir los líquidos insecticidas, llamándole la atención uno de estos líquidos por la doble ventaja que ofrece de sustituir a la gasolina, teniendo mayor fuerza y duración, y por que mezclado con muchas partes de agua, mata instantaneamente al insecto...”

A esta plaga de 1910 se sumarán una serie de robos en despoblado en su término, también ese mismo mes de mayo, que van a provocar el pánico entre los viajeros, comerciantes y los mismos vecinos. Cuenta El Diario de la Mancha que el 26 de mayo, yendo un serrano, Felipe Sanz, a vender leche a Almadén, como hacía diariamente, fue retenido por tres desconocidos, cerca de la estación de Chillón, que le apalearon y robaron veintiocho duros que llevaba. Dos días más tarde, el 28 de mayo, será a Agustín Pradas, que se dirigía a Almadén a por dos cargas de pan, a quien le salgan al paso dos o tres hombres con la intención de robarle. Agustín pondrá al galope a sus dos yeguas huyendo de sus perseguidores, los cuales, viendo que no podían darle alcance, dispararán un tiro que no hará blanco. El asunto de estos robos en despoblado en Guadalmez será investigado por el Jefe de línea de la Guardia Civil de Almadén, el teniente Sr. Arias Bolaños.

Todos estos datos y detalles nos van mostrando un desarrollo en la calidad de vida de la aldea, que va a contar desde principios de siglo con un Casino, Médico, Escuelas de Niños y Niñas, una carnicería, cuatro zapaterías, herrería, diversos comercios y una Compañía minera que explotará las antiguas minas de Santa Catalina, y las nuevas de Mina Bombita, Solana Rehundieros y Mina de Rafaelita-El Bombero, para la extracción de plomo y zinc. Sus habitantes buscarán ahora lugares de ocio donde esparcirse y ocupar su tiempo libre, y se establecerán varias tascas para el consumo del vino, creándose, dada la afición a los toros, una Sociedad Taurina. También comenzarán a agruparse, como medida de protección y fuerza, y fruto de ello será la creación en octubre de 1934 del Comité de Acción Agraria Manchega de Guadalmez, constituido por Eduardo Sánchez Giménez, como presidente, Esteban Castro Sánchez, vicepresidente, Lorenzo Molero Capilla, secretario, Juan Quero Gómez, vicesecretario, Lorenzo Pizarro Bejarano, que hará de tesorero y los vocales Crescencio Flores Sánchez, Francisco García Fernández, Manuel Chamorro Manzanares e Isidoro Medina Moyano.

Pero un trágico acontecimiento llegará a tambalear los cimientos de la floreciente aldea, la epidemia de gripe de 1918, que procedente de Estados Unidos, será propagada por Europa y el resto del mundo, por sus soldados en la I Guerra Mundial. Una pandemia que provocará la muerte de entre 50 y 100 millones de personas, y que castigará, con especial virulencia, a la población española. En el mes de mayo de 1918 comenzarán a diagnosticarse los primeros casos, llegando la epidemia en octubre a la provincia de Ciudad Real y de forma dramática, en la segunda mitad del mencionado mes, a Chillón y a su aldea de Guadalmez. Si el día 18 de octubre, el diario El Pueblo Manchego, informaba de que en Chillón la gripe se encontraba “… estacionada, mejorando los enfermos graves…” , el día 22 ya hablaba de 50 casos y una defunción , y dos días más tarde, el 24 de octubre, sería Guadalmez, la población que aparecería en los diarios, como una de las más afectadas, pues en “...GUADALMES- Se propaga extraordinariamente, sin médico, farmacia ni desinfectantes. 8 defunciones…” . Por ello, el mismo Gobernador provincial indicó a los periodistas que “…de la aldea de Guadalmez llegan gritos de angustia, pues la epidemia causa estragos en dicha localidad careciéndose de médico, farmacia y desinfectantes. El maestro D. Leandro Niño urge por caridad la ayuda oficial. A dicho pueblo se ha remitido hoy una cantidad, medicamentos y desinfectantes…” . El único medicamento que parecía eficaz contra la gripe era el suero antidiftérico, pero ante las numerosas peticiones por parte de los pueblos de la provincia, el Gobernador reconocía el día 26 que “… no puedo mandarlo por que no tengo ningún tubo, y además el ministro me comunica que no los facilite sino únicamente en los casos extremos…” . El día 28 de octubre, en Guadalmez se producen 4 nuevas infecciones y 5 defunciones, aunque la epidemia parece decrecer . Pese a ello, el día 2 de noviembre de 1918, se vuelven a registrar otras 4 defunciones , aunque el diario El Pueblo Manchego , en su edición del día 5 señalará que en “…GUADALMEZ.- La epidemia gripal va desapareciendo totalmente…” . Lo cierto es que en tan corto espacio de tiempo, la aldea va a sufrir uno de los periodos más dolorosos de su historia, que aún hoy en día, sigue en el recuerdo de nuestros abuelos.

Volviendo al aspecto de su crecimiento económico y social, y dejando a un lado, de momento, las tragedias, la llegada del ferrocarril y la extracción de minerales ha provocado en la aldea una serie de cambios que la irán transformando y haciendo que abandone su carácter eminentemente agropecuario. Gracias al tren Guadalmez ya no estará perdido en un pequeño valle e incomunicado, pues este medio de transporte lo unirá a Madrid, Ciudad Real o Badajoz, y la construcción del camino vecinal a la estación de Pedroches lo conectará además con la carretera de Almadén. Se acabaron los años de aislamiento y Guadalmez no volverá a ser ajeno a la realidad y a las transformaciones que sufra el país. Un ejemplo de ello y de la bonanza que parece respirarse en la aldea, será su aportación de 250 pesetas, en septiembre de 1921, en la suscripción iniciada por S.M. la Reina Victoria Eugenia, con destino a los Hospitales de la Cruz Roja, donde están siendo atendidos los heridos de la Guerra de Marruecos. También la importancia que la estación de ferrocarril irá adquiriendo, tanto en el número de pasajeros, como en el volumen de ganado que se va a transportar, llevará a proyectar en 1908 una prolongación de vías, la construcción de viviendas para empleados o la ampliación de muelles en 1911, o que se le conceda a Victoriana Aliseda en 1921, la caseta de la aguadora de la estación, para venta de agua a los viajeros. En enero de 1924, la estación de Guadalmez-Los Pedroches será noticia, por el robo perpetrado el día 9 en su muelle de carga, llevándose los ladrones dos fardos de curtidos y tejidos. No todo lo relacionado con el ferrocarril será bueno, pues el tren también creaba nuevos peligros antes inexistentes, como el atropello de ganado o los incendios, tal y como sucedió el 15 de junio de 1929, cuando una máquina ferroviaria prendió fuego a los sembrados del cortijo de la Quinta de Abajo de la Vega de San Ildefonso, culpando de ello la compañía de seguros, por negligencia, a la Ferroviaria.

El núcleo urbano de la aldea se irá extendiendo debido al crecimiento de la población, que pasará de los 1.483 habitantes censados en 1900 a 1.602 en el año de 1920, a pesar del elevado número de defunciones provocado por la gripe de 1918, y alcanzando los 1.669 en el censo de 1930, y así, a las tradicionales calles de Enmedio, Portugal, Parra, Estación, Almadén o Ancha, se unirán nuevos nombres al callejero como serán la calle de Comercios, calle Nueva, Viñas, calle de la Fuente y Río. A partir de 1929 se llevará a cabo un cambio de nominación de estas vías, con un acento más monárquico, pasando la calle Comercios a llamarse Martínez Anido, la calle Río, Avenida de Alfonso XIII, la calle de la Estación, de la Princesa, calle de La Parra, de Lope de Vega, calle Portugal, Canalejas, calle de En medio, Duque de Medinaceli, calle Nueva, Reina Mª Cristina, calle de La Fuente, de Bravo Murillo, calle Ancha, Isabel II, calle Almadén, General Prim y surgirán dos nuevas arterias la calle Príncipe de Asturias y General Primo de Rivera. La plaza pasará a conocerse como Plaza de la Constitución.

Estamos en los años de la Restauración, con una monarquía parlamentaria, en la que se han ido alternando conservadores y liberales en el gobierno, con una política regeneracionista aplicada por Maura, Canalejas, Dato o Romanones, pero que no ha sabido dar respuesta a los movimientos revolucionarios obreros y las exigencias del campesinado y que ha llevado al país a una serie de desastres militares en la Guerra de Marruecos. Estos años terminarán con la dictadura del General Primo de Rivera en 1923 que conducirá a una mayor crispación social sin poder solucionar los problemas planteados, hasta que la crisis internacional de 1929, precipite su caída, y deje al rey Alfonso XIII, que la había apoyado, en una difícil situación para volver al anterior sistema de alternancia de partidos. Durante estos años de la dictadura de Primo de Rivera, Guadalmez conseguirá segregarse de la villa de Chillón, en 1927, y constituirse como municipio independiente, siendo una de las primeras medidas tomadas por el nuevo Ayuntamiento en constitución, y reunido en sesión extraordinaria, la de homenajear en mayo de 1927 al que fuera sacerdote de su parroquia, D. Víctor Serrano y Martínez, como hijo adoptivo de dicho pueblo.

Esa tensión y malestar social se va a traducir en Guadalmez, en hechos poco acordes con la tranquila vida que se le supone a una pequeña población, y así el 12 de diciembre de 1929 se producirá un horrible parricidio en el que un joven de 23 años matará con unas trébedes a su madre por la duda de si ésta le había quitado o no 15 pesetas que guardaba en su bolsillo. El mismo parricida se entregará a la guardia civil esa misma tarde.

“…Horrible parricidio. Mata a su madre a golpes
Ciudad Real,12

Comunican de Chillón que en el inmediato pueblo de Guadalmes se ha desarrollado un espeluznante suceso que ha causado indignación en el pueblo, hasta pretender los vecinos linchar al protagonista.
Ayer tarde presentóse a la guardia civil A.V.M., de 23 años, manifestando que había dado muerte a su madre,…, por los fútiles motivos de si ésta habíale o no quitado quince pesetas que guardaba en un bolsillo, no ocurriéndosele otra idea que la de matarla a fuerza de golpes con unas trébedes que había en la cocina, quedando muerta la infeliz mujer en la calle, al pretender huir pidiendo socorro.-Ruiz…”

Unos años más tarde, en octubre de 1933 Francisco Moran García acabará con la vida de su amigo Alfredo López, con tres puñaladas, en una discusión por una partida de trueque que se jugaban por medio litro de vino.

Los guadalmiseños concurrieron a las urnas en las elecciones municipales del 14 de abril de 1931 sin sospechar que esa cita llevaría a un cambio de régimen, la proclamación de la II República. Los resultados en Guadalmez arrojaban un aplastante triunfo de los partidos monárquicos, al igual que en el resto de las zonas rurales del país, pues realmente las elecciones fueron ganadas por los partidos proclives a la Monarquía, pero en las grandes ciudades y en la mayoría de capitales de provincia, el resultado fue el contrario, con una clara victoria de los partidos republicanos, por lo que el rey, Alfonso XIII, siendo consciente de que no contaba ya con el amor de su pueblo ni con el respaldo de las fuerzas armadas, decide suspender el Poder Real y exiliarse de España.

Rápido hizo cambiar de opinión a los vecinos de Guadalmez la instauración de la República, pues en las elecciones parciales de 31 de mayo de ese mismo año de 1931, los 9 concejales serán adscritos a los partidos republicanos, 3 para el partido D.L.R. (Derecha Liberal Republicana de Alcalá Zamora, Partido Republicano Progresista) y 6 para A.L.R. (A.R. Acción Republicana de Azaña). En el censo electoral de enero de 1933, la aldea se constituirá como distrito electoral, con dos secciones y 766 electores.

Así, con la instauración de la II República, Guadalmez se convertirá en un feudo del Partido Radical del diputado por Ciudad Real, D. Cirilo del Río, quien llegará a ser ministro de Obras Públicas y Comunicaciones y con el que se ironizaba en unas coplillas o murgas de carnaval de los años 30:

Don Cirilo, don Cirilo,
Es un hombre inteligente,
Que decía que iba a traer
La estación y también el puente.

Don Cirilo, Don Cirilo,
Que cara de primo trae.
Por no ganar su partida,
Hasta el moco se le cae.

Pero en las elecciones celebradas en febrero de 1936, Guadalmez, como el resto de la comarca, se decantará abrumadoramente por partidos de izquierda, llegando a contar el Partido Socialista, en agosto de 1937, con 17 afiliados . De los 785 electores con los que contaba Guadalmez en esas fechas, el 16 de febrero votarán 599, otorgando su confianza a los compromisarios socialistas y a los republicanos de izquierda: Puebla Perianes, Luis R. De Lastra, Alfonso de la Vega, Benigno Cardeñoso, Antonio Cano y Calixto Pintor . La victoria del Frente Popular reavivará la necesaria reforma agraria, a la que muchos municipios no esperarán, comenzando por su cuenta la expropiación de fincas a los grandes terratenientes. En el caso de Guadalmez, serán 205 colonos los que se asienten en estas tierras, que trabajarán como suyas. Ya puestos a extender la justicia y equidad en la posesión de las tierras, que siglos de Historia han ido acumulando en determinadas manos, la Casa del Pueblo de Guadalmez, tomará la decisión en noviembre de 1934, según denuncia el diario monárquico ABC, de no incluir en el reparto de predios rústicos de la finca comunal a todos aquellos que no fueran afiliados del partido socialista, lo que obligará a la intervención del gobernador civil, que llevará a cabo una inspección sobre dicha irregularidad. Todo ello contribuirá a que el clima de división se vaya acentuando y los incidentes sean cada día más habituales. Por ello, el Obispo de Ciudad Real, D. Narciso de Estenaga, trasladará a Guadalmez, en abril de 1936, a D. Demetrio García de la Torre, cura de Cózar y activo político conservador, para evitar que sufriera ningún daño. Es curioso que el Obispo trasladase a un cura desde una comarca tan católica y conservadora como el Campo de Montiel, a otra, la comarca de Almadén, tradicionalmente más liberal. En el mes de julio, ya iniciada la Guerra y debido a la persecución religiosa, D. Demetrio, permanecerá recluido en su domicilio hasta que sea obligado a dejar el pueblo y protegido por los propios milicianos de Guadalmez conseguirá llegar a Villacañas, donde buscó refugio en casa de su hermana. Allí sería delatado y arrestado, y de vuelta a Cózar, asesinado. También moriría asesinado en Valdepeñas, el cura de Guadalmez, D. Justo Arévalo Mora, recientemente beatificado en Roma. D. Justo llegó a Guadalmez como párroco poco después de su ordenación sacerdotal en 1895.

El 18 de julio de 1936, varios generales, entre los que se encontraban Francisco Franco, Emilio Mola y José Sanjurgo se levantarán contra el Gobierno de la República, y tras el fallido golpe de Estado, se iniciará una cruenta Guerra Civil que durará 3 años, y que sumirá a todo el país en el horror y sufrimiento de la mayor desgracia padecida por los españoles a lo largo de su Historia.

Para saber cómo afectó este acontecimiento a Guadalmez, vamos a transcribir la memoria que realizara el Jefe Local de Falalnge Española de Guadalmez, en el año de 1941:

“… Al estallar el día 18 de Julio de 1936 el glorioso Movimiento Nacional, en este pueblo de Guadalmez, no se notó nada anormal en la vida ciudadana, pero el día 19 llegó procedente de Almadén del Azogue el individuo Juan Fernández Zarcero empleado de la Fábrica de Harinas de D. Alberto Silveria, propagando en el pueblo entre sus compañeros marxistas que había que proceder a la detención de todas las personas de derechas, como se había efectuado ya en el citado Almadén no llevándose a cabo nada de esto pero sí seguidamente procediendo a efectuar todo género de requisas y saqueos en las Casas de personas de Orden.
Los componentes del Ayuntamiento marxista el día 19 de referido mes robaron un camión de D. Manuel Gómez Rayo, vecino de esta localidad para con él ayudar en lo posible al funesto Frente Popular empuñando todos ellos las armas y amenazando con ellas a las personas de derechas con matarlas… efectuaron también seguidamente y en gran escala tanto de las fincas como de cereales, ganados y enseres existentes de las de los señores D. Juan Francisco Mendoza y D. Ventura Márquez enclavadas dichas fincas en este término Municipal.
En los últimos días del mes de agosto de 1936 se formó en el pueblo, el llamado Comité de Defensa Rojo…dedicándose por entero a efectuar todo género de requisas e imposición de multas a las personas de orden de este pueblo amenazándolas de muerte si no las efectuaban en el acto consistentes tanto de artículos de primera necesidad como de enseres, metálico, y animales…
Sobre mediados del mes de Agosto, de repetido año de 1936 se presentaron en la Iglesia parroquial las hordas revolucionarias cometiendo en ella toda clase de desmanes en las Imágenes Sagradas, Retablos, y vestiduras sacerdotales destrozándolo todo y quemándolo, y en público habiendo mofa con todo ello…
…En esta localidad durante el periodo y dominio rojo, no se han realizado detenciones, ni asesinatos en ninguna persona y sí únicamente los actos relacionados anteriormente.
Guadalmez a diez de febrero de mil novecientos cuarenta y uno…”

Como bien se detalla en el relato anterior, el mismo día del alzamiento, el 18 de julio, Guadalmez se mantuvo tranquila, sin que se produjese ningún tipo de altercado. Ignorando las órdenes recibidas de Almadén, no se llevó a cabo tampoco detención alguna de personas consideradas de “derechas”, aunque sí se practicaron diferentes requisas, utilizadas con posterioridad por el Comité de Defensa de Guadalmez, creado a finales del mes de agosto, para donarlas a organismos como el Hospital provincial de Ciudad Real. A este respecto, el propio interventor del Hospital dará las gracias al Comité por su generosidad en un artículo publicado en el diario El Pueblo Manchego, el jueves 12 de noviembre de 1936, animando al resto de municipios a secundar la iniciativa de los guadalmiseños:

“...El interventor del Hospital provincial nos facilita la siguiente nota:
“El Comité de Defensa de Guadalmez ha remitido al Hospital provincial 180 gallinas y 36 docenas de huevos que dicho comité regala al mencionado establecimiento benéfico.
Esta intervención tiene que hacer constar públicamente y para ejemplo de los demás su agradecimiento en nombre de la Excma. Diputación, hacia estos camaradas de Guadalmez por su gesto generoso y de solidaridad hacia los numerosos enfermos y heridos hospitalizados en este establecimiento benéfico, al que en los actuales momentos hay que prestarle la máxima atención y celo”....”

En relación a la incautación de fincas, que se llevó a cabo a lo largo del verano de 1936 y hasta el 2 de septiembre, con el objetivo de repartirlas entre los campesinos, el Comité de Defensa de Guadalmez, se adueñó de los siguientes predios :

- “Peralejo”, propiedad de D. Francisco de Mendoza y con una extensión de 1550 hectáreas.
- “Vega de San Ildefonso”, con 772 hectáreas, y también propiedad de D. Francisco de Mendoza.
- “Viñas y Quiñónes”, cuyo propietario, D. Emilio Márquez de Prado, poseía 161 hectáreas.
- “Hoyuelos”, propiedad de D. Emilio José Pío Marquez de Prado, de 330 hectáreas.

Pero muy pronto el ambiente bélico dejará su huella en la población, conforme avancen los meses y comiencen a llegar las tropas. Para proteger las preciadas minas de Almadén, el gobierno republicano enviará al General Escobar al mando del Ejército de Extremadura, estableciendo su Cuartel General en la ciudad minera. Uno de los voluntarios que participará en la defensa de Almadén será el mariscal Tito, futuro fundador de la extinta Yugoslavia. Con la caída de Córdoba y de la mayor parte de la provincia de Badajoz, se crearán dos frentes, la Bolsa de la Serena y Los Pedroches, quedando Guadalmez en la retaguardia, donde se establecerá el 3ª Batallón de blindados de la 4ª Brigada, al mando de un Capitán, al mismo tiempo que comenzarán a llegar los primeros refugiados, procedentes en su mayoría de la provincia pacense, que se irán asentando en la zona del Parque, la estación de Los Pedroches y el Palacio de Moret.

A pesar de la atmósfera beligerante que envolvía a la aldea y a todo el país, el Ayuntamiento socialista de Guadalmez no abandonará los proyectos de mejora para la población y conseguirá en noviembre de 1935 el acuerdo favorable de la Gestora provincial para la construcción de un paso a nivel sobre la vía férrea de la Compañía de Ferrocarriles M.Z.A., en el camino vecinal de Guadalmez a la Estación de Pedroches, o la petición, a través de Vicente Ruiz, de las obras de mejora en el camino vecinal, en marzo de 1937, cuya aspiración se considera justificada por parte de la Gestora provincial (Órgano que sustituyó a la Diputación Provincial durante los años de la contienda), siempre que lo permitan las disposiciones económicas.

El 17 de junio de 1937 morirá ahogado en el río de Guadalmez, en el paraje conocido como Puente de las Arenas, el alcalde republicano de Campo de Criptana, D. Matías Olivares Rubio, y el 25 de julio de ese mismo año, aparecerá el cadáver del maquinista José Galca Jordán, residente en la Vega de San Ildefonso, y que, según la autopsia, la muerte se produjo “…por comprensión de los órganos del cuello, tráquea, falange y esófago…” , es decir, que fue asesinado por estrangulamiento.

El día 15 de agosto de 1938 llegará a Guadalmez, para luchar en el frente de Extremadura contra las tropas del general Queipo de Llano, la 127 Brigada Mixta al mando del mayor de milicias Esteban Serra Colobrans, con Enrique Genovés Guillén como Jefe de Estado Mayor. En ese mismo año, y debido a la presencia de gran número de militares, se van a producir una serie de muertes, como la de Ricardo García, capataz de vías y obras y residente en una de las casetas del ferrocarril de Madrid a Badajoz el 9 de junio de 1938, o el ahogamiento en el río Guadalmez el 25 de agosto del soldado Baldomero Murillo Gata, según se relata en la orden nº 2783 del Tribunal permanente del Ejército de Extremadura. El 19 de septiembre fallecerá un obrero agrícola, Manuel Merino Garcés, tras la caída de un camión en el cruce de carreteras de la estación de Pedroches y el 2 de diciembre del referido año de 1938, un pelotón de ejecución clandestino de la 126 Brigada Mixta, asesinará al joven de 21 años Pedro Dalmau, siendo enterrado su cadáver en el paraje denominado Camino del Chorrillo. Años más tarde, en 1940, se acusará a Bonaventura Albó de formar parte del piquete que mató a este joven.

Uno de aquellos jóvenes milicianos que pasaron largas y frías noches de invierno y tórridas tardes de verano en las trincheras del valle del Guadalmez, Germán Riera, guardaría en su memoria aquella estancia y vivencias en tan remoto lugar, escribiendo años más tarde, en 1979, sobre aquel tiempo: “… Mi batallón lo tenía situado en el pueblo de Guadalmez, pueblecito en aquel entonces de unos 1.500 habitantes en tiempos de paz, junto al río del mismo nombre, a unos 12 kilómetros al suroeste de Almadén…”

Durante este año de 1938, se recrudecerán los combates entre ambos bandos, y sobre todo a partir del 16 de octubre en la zona de Zarza Capilla, Peñalsordo y Capilla, provocando una llegada masiva de nuevos refugiados a Guadalmez, aunque el ejército republicano defenderá la zona hasta la caída de Madrid en 1939. Las tropas del ejército de Franco llegarán a Guadalmez el 28 de marzo de 1939, según el parte de guerra de ese día:

“…Nuestras tropas del sur también han continuado su avance, habiendo ocupado durante la noche pasada el pueblo de Adamuz, y hoy los de Chillón, Almadenejos, Guadalmez, San Benito, Conquista, Venta de Azuel, Marmolejo, Andújar, Los Caserones y Capilla… No se conoce exactamente, a la hora de dar el parte, el número de prisioneros y de presentados, pero se sabe que unos y otros suman varios millares…”

El 1 de abril de 1939, Francisco Franco, que durante el transcurso de la contienda se habrá convertido en Generalísimo de los ejércitos, decretará el final de la Guerra, tras tres fatídicos y sangrientos años de enfrentamiento fratricida. El Gobierno de la República, minado desde dentro por anarcosindicalistas, comunistas, independentistas y revolucionarios y sin la ayuda que se podía esperar de las demás democracias liberales del continente, que se encuentran en un periodo de crisis y de convulsión social, se verá acorralado por el bando sublevado que sí contará con el apoyo de la Europa fascista. Franco no aceptará la rendición con condiciones propuesta por Negrín y el dolor y el sufrimiento se extenderán por estas devastadas tierras hispánicas durante unos años más. No habrá perdón para los vencidos y todo aquél que hubiera participado activamente en la guerra será juzgado por tribunales militares. Ello obligará a muchos combatientes republicanos a adentrarse en las montañas para continuar con una lucha que ya estaba perdida, con la vaga esperanza de una intervención por parte de las democracias occidentales vencedoras en la II Guerra Mundial. Estos antiguos milicianos, agrupados en partidas, van a ser conocidos como maquis o, según la denominación popular “los de la sierra”, y en Guadalmez, varias serán las partidas que merodeen por sus campos y montes.

A una de ellas, la del grupo de “Lazarete”, se unirá por amor a su sobrino Manuel “Ranchal” una joven de Guadalmez, Soledad, que hará las funciones de enlace en Los Baldíos. En un tiroteo con la Guardia Civil, perecerá junto a su marido el 2 de junio de 1947 en Las Caballeras (Belalcázar).

Otra de estas partidas será la de Eduardo “El Portugués”, quién será ejecutado por sus propios compañeros en la sierra de La Burdia en los primeros meses de 1942. También el guerrillero Eugenio Collado “Capitán Corruco”, que conseguirá huir en otoño de 1939 a la zona de Almadén, establecerá sus cuarteles de invierno en la Sierra Perdiguera y Guadalmez, donde entrará en contacto con otros guerrilleros como Jaramago, El Manco de Agudo o Veneno. A este grupo se unirá otra joven de Guadalmez, Paulina, militante socialista, que tras el fusilamiento de su marido en 1940, servirá de enlace en la estación de los Pedroches para ayudar a todos aquellos que quieran ganar la sierra. En el verano de 1946 huirá, junto a su compañero José “El Yamba” a Barcelona, desde donde pasarán el 1 de abril de 1949 a Francia, siendo internados en un campo de concentración hasta que se les conceda el asilo político. Vivirán en Eure-et-Loir en Dreux para instalarse con posterioridad en la ciudad de Chartres y regresar en marzo de 1978 a España.

No contará con la misma suerte otro vecino de la aldea, Santa María Román López, Santa, nacido en Guadalmez el 14 de febrero de 1912 y que tras la guerra Civil se verá obligado a cruzar la frontera con Francia, donde será internado en otro campo de prisioneros. Tras la invasión nazi del país galo, será deportado el 26 de abril de 1941 al campo de concentración austriaco de Mauthausen, con número de prisionero 8728, y allí fallecerá el 8 de diciembre de ese mismo año de 1941.

Por último, la partida del guerrillero Ángel Jiménez “Lastras”, natural de Guadalmez, y a la que desde 1942 se le había perdido la pista, será cercada por la Guardia Civil y los regulares de Almadén el 7 de julio de 1946 en el barranco de Sotogordo, junto a la fuente de piedra, siendo abatidos todos sus componentes, incluido un joven de 22 años que al terminar la guerra apenas contaba con 15.

Estos mismos años, son también los años de la dura represión del nuevo régimen, pero que en Guadalmez no tendrá los efectos devastadores con los que se implantará en otros municipios, pues como bien recordaban el jefe de Falange y el Juez de Paz, en febrero de 1941:

“ … En contestación a su carta orden fecha 12 de febrero pasado tengo el honor de participar a V.S. que durante la época roja no fue asesinada nadie en esta villa, por lo que no se puede recibir declaración a familiar alguno con arreglo a las instrucciones que V.S. manda…”

Únicamente se menciona el asesinato de un natural de Santa Eufemia en término municipal de Guadalmez, y que fue enterrado a un kilómetro aproximadamente de la estación de ferrocarril de Los Pedroches, junto al arroyo de la Peñuela, según declaración del alcalde el 5 de marzo de 1941, y la detención en la localidad del secretario del Ayuntamiento de Agudo, quien posteriormente sería asesinado en Almadén. Se refieren, lógicamente, a los asesinatos que pudieran haber perpetrado los republicanos contra personas afines al alzamiento, no a las muertes producidas entre los propios republicanos, a las que no mencionan.

Gracias a dos hombres, el alcalde socialista durante la etapa republicana, D. Eugenio Castro Babiano y al jefe de la Falange local, D. Andrés Moreno, y sobre todo, a la sensatez de todo un pueblo, en el que todo el mundo se conocía y en donde los lazos familiares estaban bastante extendidos, así como a la escasa confrontación social derivada de la ausencia de grandes desigualdades, Guadalmez no va a sufrir las atroces secuelas de la represión que durante años seguirán aterrorizando al hundido país, aunque sí se dictarán penas de cárcel para algunos de sus vecinos, siendo condenado uno de ellos, Pedro, a trabajos forzados en el sevillano Canal de los Presos del Bajo Guadalquivir.

Si el hambre y el miedo a la represión no fueran suficientes, a ello se viene a unir en diciembre de 1947 una epidemia de peste porcina, que perjudicará de manera muy grave a la maltrecha economía de la población y a los hambrientos estómagos de sus moradores. El 20 de diciembre será declarada oficialmente la epidemia de peste porcina, detectada en los animales que se encontraban en el casco de la población, dictándose las medidas de cuarentena necesarias tanto en dicho término como en los colindantes. A ello se suma en el verano de 1954 una invasión de moscas y mosquitos procedentes del río Guadalmez, que contribuyen a hacer aún más penoso el verano del año 54 y 55. Recoge el diario ABC en su nº 16.202 del viernes 29 de julio de 1955 la siguiente noticia:

“...GUADALMEZ, INVADIDO POR LAS MOSCAS
En Guadalmez las moscas siguen causando estragos. El pasado año por estas fechas se comieron un pastel de boda ante el asombro de los invitados, y este año, al paso de una procesión, surgieron en bandadas, siendor preciso reducir el itinerario del desfile profesional...”

Por si aún no fuese suficiente, en septiembre de 1956, Guadalmez será el municipio que presente las primeras denuncias en Ciudad Real sobre la epidemia de Epizootia o “lengua azul” que afectarán gravemente al ganado ovino.

Durante los años de la Dictadura se volverá a llevar a cabo un cambio de nombres en el callejero, pasando la calle de La Parra a denominarse de Jose Antonio, la calle del Río, General Queipo de Llano, la calle Comercios, General Mola, la calle Nueva (actual C/ Ayuntamiento), General Asensio y la Plaza de la Constitución, plaza del Generalísimo. Y será a principios de los años 50 cuando el Ayuntamiento construya el puente sobre el río Guadalmez y pavimente, con adoquines de granito, las calles de su población, estableciendo, así mismo, un servicio regular de viajeros con Almadén, independiente de la línea alterna de Córdoba-Almadén. A todo ello se sumará la aprobación en octubre de 1954 de una línea eléctrica de treinta mil voltios para dotar de electricidad a las poblaciones de Guadalmez, Alamillo y Santa Eufemia, así como a las estaciones de ferrocarril y a varias fincas del término municipal guadalmiseño , siendo presupuestado el proyecto, en mayo de 1955, en 1.760.000 pesetas, que deberán ser financiadas por los Ayuntamientos, los propietarios de las fincas afectadas y la empresa suministradora.

Debido sobre todo a la gran inmigración que a partir de los años 50 se irá asentando en el municipio, Guadalmez seguirá creciendo a un fuerte ritmo, lo que obligará a su Ayuntamiento a construir nuevas calles en la antigua cerca de “La Pachona” y en terrenos adquiridos a y cedidos por la familia Márquez de Prado. Esta ampliación urbanística es el origen de las calles de Santa Teresa, Cervantes, Ramón y Cajal y Lirio, reservándose el Ayuntamiento, en esta última calle, varios terrenos donde construirá chozos para las familias más necesitadas. Esta es la época en la que igualmente, la Casa Cuartel de la Guardia Civil y las Escuelas se trasladan, la una desde la actual calle Ayuntamiento y la otra desde la calle Duque de Medinaceli, a las nuevas edificaciones construidas para esa finalidad en los terrenos municipales del antiguo Ejido. La construcción de la Casa Cuartel de la Guardia Civil se llevará a cabo tras el expediente de 12 de julio de 1957, por el que sale a concurso su licitación.

Envueltos en una atmósfera de un furor nacionalista, como vía de evasión ante una realidad dominada por la penuria, y a la búsqueda de las esencias patrias, donde un personaje ficticio como Don Quijote de la Mancha se convertirá en gloria nacional y representación del carácter hispano, el cronista oficial de Almadén, D. Luis Cavanillas Avila, comenzará a extender la idea de que el capítulo relativo a la estancia de D. Quijote y Sancho Panza en la Isla Barataria, y el nombramiento del escudero como Gobernador de la misma, hubo de desarrollarse en Almadén y su comarca, con la identificación de la onomástica cervantina en la toponimia comarcal. Fruto de sus teorías será la creación de una ruta turística, denominada “Ruta del Calatraveño”, que discurrirá por la antigua Balálita árabe y en la que se incluirán poblaciones como Almadén, Chillón o Guadalmez. Entusiasmado con la idea, el consistorio guadalmiseño decidirá levantar un monumento a “La Bellota” en agosto de 1964 , entre el río y la población, en base a las afirmaciones que D. Luis Cavanillas señala sobre la localización donde se crían las afamadas bellotas que Teresa, la mujer de Sancho, envió como presente a la duquesa de Medinaceli, y que no sería otra que la Vega de Guadalmez . El monumento, que sería realizado en piedra de granito, tendría la forma de una pirámide de cuatro caras, y en cada una de ellas se colocarían, como pergaminos, los fragmentos de las cartas entre Teresa y la duquesa, así como cada una de las cruces de las cuatro Órdenes Militares, y todo ello coronado por una gigantesca bellota dorada, con su cascabillo y hojas de encina. A su lado, una escultura de Don Quijote, portando lanza y escudo. En agosto del año siguiente de 1965 , el Ayuntamiento de Guadalmez invitará a colaborar en la construcción del monumento a todos los pueblos de la antigua región de la Balálita y a otros organismos y entidades relacionadas con la encina y sus bellotas. Aún en abril de 1974 , el proyecto sigue dando de que hablar a la prensa de Madrid, con la publicación en ABC de la maqueta del monumento y un artículo firmado por el dibujante Máximo, donde apela al sentido del decoro y amenaza con crear “...una Asociación (no política) de Afectados Esteticamente por el monumento a la Bellota...” , para evitar que se levante tal insensatez y “...en defensa de los ribereños de Guadalmez, que mientras el Fuero de los Españoles y la selectividad universitaria no demuestren lo contrario, no deberían ser considerados ciudadanos culturales de tercera división...” . Finalmente, y para tranquilidad del afamado viñetista, el monumento quedó sólo en proyecto, y fue uno más de aquellos sueños de una sociedad que buscaba en el pasado las grandezas que no encontraba en el presente.

Si en 1928, año en el que comienza a funcionar el Registro Civil, el número de nacimientos era de 35 y el de defunciones de 26, con los años de la guerra de 1936 a 1939 los nacimientos se dispararán a 90, 68, 80 y 54, debido no solo al asentamiento de nuevos vecinos sino a esa población de desplazados, que alojados en chozos en la calle de las Eras y el parque municipal, contribuirán al crecimiento de tales cifras. Los años que arrojarán mayor número de nacimientos, dejando a un lado el periodo excepcional de la contienda bélica, serán los comprendidos entre 1944 y 1962, con una orquilla entre los 50 y los 70 partos anuales. Igualmente el número de muertes pasará de las 22 de 1936 a las 49 de 1937 o las 59 de 1938, el mayor dato relativo a defunciones que se va a dar en la localidad. También el número de niños fallecidos antes de los dos años será elevado en estas fechas, con 11 en 1935, 10 en 1937 o 9 en 1940. Acabada la guerra, la miseria que ésta ha traído provocará que en el Archivo Municipal de Guadalmez se anote en 1946 la muerte de una persona por hambre. Con la mejora de las condiciones sanitarias y el aumento en la calidad de vida, las defunciones irán retrocediendo a finales de los años 50.

El crecimiento de la población va a ser espectacular, recogiendo el censo de 1940, 1.857 habitantes, 905 varones y 952 hembras, de los cuales 820 serán analfabetos y 1104 solteros. En 1950 la población llegará a los 2.203 habitantes, contando a 10 transeúntes y a 51 ausentes, para alcanzar en el censo de población y de viviendas de 1960 las 2.432 almas, cifra que comenzará a descender, debido a la emigración a las grandes ciudades, a partir de 1970, donde el número de habitantes se reducirá a 1.615.

Guadalmez ya ha madurado y se encuentra asentado como municipio, en igualdad de condiciones a otros muchos pueblos de su entorno, con un desarrollo más temprano, pero con una historia de presencia humana tan antigua como la mayoría de ellos. La década de 1960 será su época dorada y a pesar de la sangrante emigración de decenios posteriores, su estabilidad como municipio no será cuestionada, llegando a convertirse en uno de los pueblos menos problemáticos y más estables de los contornos. El resto de su historia, está tierna en la memoria de todos nosotros y por ello no es necesario aún plasmarla en papel, porque cada uno de sus habitantes mantiene en el recuerdo lo que Guadalmez ha significado en sus vidas y en la de sus vecinos. El tiempo, que lo borra todo, demandará en un futuro que esta historia reciente sea recogida para evitar su olvido.

Con las primeras lluvias, aunque tormentosas, de este mes de septiembre, la música cantarina del agua, al salvar el obstáculo de piedras y bolos en las “Chorreras de Abajo”, y dando movimiento a un río que ha estado dormido, nos vuelve a recordar, que tras el tórrido estío, de nuevo la naturaleza despierta y en poco tiempo nuestras pupilas se deleitarán con el color verde que pregona que pese a todo, la vida sigue...
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Re: GUADALMEZ, DE MANANTIAL A RÍO. UN PASEO POR SU HISTORIA

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