LEYENDAS DE GUADALMEZ

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LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  camome el Jue 16 Jun - 14:14

Existe un paraje en Los Quintos, en la solana de Cerro Prieto, que se conoce como la laguna de La Judía, a donde va a desembocar el arroyo de La Judía, y al que se llega a través de La Raña, nada más cruzar el collado de La Judía, pero ¿quién era esa judía que da nombre a tres accidentes geográficos? Realmente no se conoce el porqué de este nombre, aunque existe una leyenda que cuenta que un mozo de Chillón se había enamorado de una joven, hija de judíos conversos, que vivía en la aldea de Guadalmez, en la Cerca de La Noria (la actual zona de La Molina), y los padres del enamorado, cristianos viejos, no aceptaron con agrado este romance, por lo que, para deshacerlo, denunciaron a la familia de la joven al tribunal de la Inquisición de Córdoba, por seguir manteniendo sus ritos judíos. El inquisidor que se personó en Guadalmez, terminó condenando a los padres a ser quemados en Córdoba, aunque en ella, dicen que por su dulzura, no encontró culpa alguna, y cuando se trasladaba a sus progenitores en un carro hacia la capital califal, ella, con el corazón destrozado, siguió a la comitiva, hasta que sin fuerzas y atravesado un collado, cayó al suelo y comenzó a llorar. Según el relato popular, las lágrimas de esta joven se fueron acumulando en una hondonada, formando una pequeña laguna. Tres días estuvo llorando hasta que al anochecer expiró. Aún hay quien afirma, que las noches de luna llena, se puede ver el reflejo de la bella judía, en las aguas de la laguna, pero los más escépticos no dudan que es la propia luna la reflejada en el lienzo acuoso.

Bueno, pues dejando a parte la leyenda, lo cierto es que el paraje de la Laguna de La Judía, es un magnífico rincón natural, que deberíamos repoblar con una frondosa arboleda, y adecentar como un lugar de interés de nuestro pueblo. Se podría también construir una fuente y algún tipo de merendero, con mesas y barbacoas, para poder pasar allí unos agradables días de campo. Es también un buen destino para una ruta de senderismo, pero para ello, es necesario reforestar el entorno.


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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  Ana el Jue 16 Jun - 14:25

Es una leyenda muy bonita, a mi de niña me habían contado una historia parecida, aunque no tan adornada. De todos modos, me parece fantástica la idea de plantar árboles alrededor de la laguna y hacer de ella un paraje natural atractivo para visitar. Se podrían animar los de la Asociación Rio Pequeño e ir plantando ya árboles en la laguna.

Ana
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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  Gauss el Jue 16 Jun - 14:59

Vaya historia, Camone, preciosa. De esta leyenda se podría hacer una novela. Igual, Carlos, si te animas se puede convertir en un Best Seller. Piensateló
Por cierto, ¿Sabes algo sobre el Camino Real del Azogue? Por el cual se transportaba el mercurio de Almaden a Sevilla para embarcarlo hacia las américas para la amalgamación de la plata en las minas del Potosi.
He visto algo sobre este camino, que están restaurando, y salía de Almaden, pasando por Sta Eufemia, El Viso, etc. ¿No sería posible que pasará por la raña del quinto o cerca?
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Gauss

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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  camome el Jue 16 Jun - 15:06

Sí, creo que es el Camino de La Plata, el que atraviesa la Raña por el Puerto del Salado y que luego pasaba por la Casa de la Zarza hasta Santa Eufemía. En Guadalmez tenía una parada de postas en la actual calle Ayuntamiento, que hasta el siglo XIX, en que comenzó a urbanizarse, era conocida como la Cerca de los Carreteros.

Respecto a la leyenda, la recuedo desde niño, al igual que la del Arroyo de los Muertos, aquella en la que un paisano de Guadalmez iba a ver a su novia a Chillón, y al cruzar el arroyo fue atacado por una manada de lobos, que solo dejaron de él los pies dentro de las botas. Otra leyenda, la del Collado de los Tres Mojones, si recuerdo quien me la contó, fue Leoncio Quero.

La Leyenda de la Laguna de la Judia, puede tener algo de real, pues en Guadalmez sí existió una comunidad de judios y judios conversos, y también actuó varias veces el tribunal de la Inquisición, pero lo de la Cerca de La Noria, que estaba donde hoy en día se levanta La Molina de Emilio Manzanares, y anteriormente, la Casa de los Márquez, y que aparece mencionada en los siglos XVII y XVIII en varios documentos, es un añadido mío, jejejejeeje.
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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  camome el Jue 16 Jun - 15:22

La Leyenda del Collado de los Tres Mojones, sí la he recogido en el libro "Guadalmez, de manatial a río", porque me venía bien en uno de los capítulos. Esta leyenda dice así:

Cuenta la leyenda que en un tiempo en que reinaba las Españas la regente María Cristina, en nombre de su discutida hija Isabel, uno de sus ministros creyó conveniente modificar los límites de las provincias del Reino. Chillón y su aldea de Los Palacios de Guadalmez, que siempre habían pertenecido a Córdoba desde que fueran conquistadas por Fernando III, iban a pasar ahora a formar parte de la provincia de Ciudad Real, heredera de la antigua provincia de La Mancha, por considerar que sus fronteras administrativas eran poco operativas en el nuevo esquema racionalista y francés que impregnaba la mentalidad de los ministros liberales de la regente. Había que acabar con unas divisiones arcaicas y arbitrarias heredadas de la Edad Media. Por tanto, la villa y su aldea cambiaban de administrador sin apenas ser conscientes de ello.

Quienes sí conocían bien las reformas de los límites provinciales y sus consecuencias eran los gobernadores de las provincias afectadas, en nuestro caso los gobernadores de Ciudad Real, Córdoba y Badajoz; y para festejar tan magno acontecimiento decidieron reunirse los tres y regalar su apetito con un delicioso cordero bien regado en vino de la tierra. El problema se originó a la hora de determinar dónde celebrar tan agradable ágape, ya que ninguno de los tres estaba dispuesto a renunciar a su papel de anfitrión, y sentirse un simple convidado en tan inolvidable ocasión. Las tensiones surgidas por la elección idónea del lugar del acontecimiento estuvieron a punto de acabar con la comida, y ni siquiera la fina diplomacia de la época aportaba cordura a la disputa. Fue el gobernador de Córdoba, el que estando en estas cavilaciones, fijó su vista en el mapa de España que colgaba de las paredes de su despacho y acto seguido escribió dos misivas con el encargo de que llegasen
urgentemente a sus destinatarios.

Aquella mañana había despertado con un frío viento del norte que abrazaba al valle y se llevaba los sonidos de miles de ovejas que pastaban en las dehesas. Sobre un collado se podían distinguir las siluetas de los tres gobernadores y del resto de funcionarios que les acompañaban, ante la mirada atónita de los pastores del lugar. Estaban preparando lo que parecía una hoguera, mientras un pastor se encargaba de degollar un tierno cordero. A los gobernadores se les veía risueños y dicharacheros, y asentían a todo aquello que el gobernador de Córdoba les contaba:

- “…pues sí, cuando contemplé el mapa de nuestra gloriosa nación y las siluetas de nuestras provincias hermanas, me fijé en el punto donde las tres se encontraban y pensé que esa sería la mejor solución…”

Al final resultó que los tres dignatarios se salieron con la suya, pues pudieron saborear juntos el cordero que se asaba lentamente en la hoguera, permaneciendo cada uno de ellos en su provincia, y no teniendo, por tanto, que soportar la humillación que suponía para todos ellos el considerarse un simple invitado y no el anfitrión. Eso sí, cada uno en el vértice que le era propio y sin imaginarse siquiera en pisar territorio ajeno.

Los pastores que fueron testigos con sus propios ojos de aquella imagen, relataron a sus hijos, y éstos a los suyos, que todo ello había sido cierto, y que si algún incrédulo dudaba de la veracidad de la historia, podía él mismo acercarse al collado, fácilmente reconocible porque era el único que tenía tres mojones divisorios de mármol, y levantar un montículo de piedras. Allí podría observar los huesos del pobre animal que aquellos tres presuntuosos glotones habían devorado.


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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  Ana el Jue 16 Jun - 19:25

En esa laguna se tendrían que plantar a su alrededor unos álamos, chopos y castaños de indias, pero ya con tronco, y el ganadero que tenga por allí los animales, que se encargue de regarlos. No podemos plantar especies pequeñas, porque las ovejas se las comerían, y tampoco se puede alambrar, ya que los animales, me imagino, que irán allí a beber. También habría que arreglar el camino, y de paso, reforestar igualmente el arroyo que la alimenta.

Ana
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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  camome el Jue 16 Jun - 23:55

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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  Ana el Vie 17 Jun - 18:01

Está bien ir documentando las leyendas de nuestro pueblo para evitar que se olviden. ¿alguien conoce alguna más? Cuantas más podamos recuperar, mejor, y seguro que hay leyendas e historias de cada uno de lugares, montes, casas de campo, pozos, etc...de nuestro pueblo. Por favor, quien conozca alguna que la cuente

Ana
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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  camome el Sáb 18 Jun - 2:26

El acceso más rápido y comodo para llegar a la Laguna de la Judía es por la N-502, poco antes del límite con Andalucia, y ese es el camino que habría que arreglar para ir a visitar la laguna. No es mala idea que además de repoblarla con árboles, se construyan algunos mesas y bancos de madera y barbacoas, así como adecuar la laguna para el baño.

Simplemente, por la belleza de su leyenda, ya merece la pena visitarla
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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  Kafka el Lun 20 Jun - 16:31

En otros pueblos, con una leyenda como ésta, ya habrían hecho un representación teatral, y creado unas jornadas medievales, para atraer el turismo. Lo que hay que hacer con esa leyenda es escribir un libreto adaptado mediante diálogos, que permita ser representada teatralmente, y hacer una representación anual, en las fiestas de verano, para atraer a la gente de la comarca.Con ello se podría volver a recuperar el mercado medieval de años anteriores, que fue una gran idea, aunque careció del respaldo de la gente, y para poder llevar a cabo estos proyectos se necesita de la colaboración de todos. Eso es lo que en Guadalmez aún no nos queda claro, ¿Será tarde cuando nos demos cuenta?
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LA LEYENDA DE LA ISLA DE LOS GALÁPAGOS

Mensaje  camome el Mar 21 Jun - 16:54

LA LEYENDA DE LA ISLA DE LOS GALÁPAGOS

Cuando la joven cigüeña Kipu sintió como se quebraba su ala derecha, la estabilidad comenzó a fallarle y cayó a tierra entre unos arbustos. Aunque intentó planear, la caída fue dura y sus pobres patas pagaron la factura del impacto. Allí, entre aquellos matojos, quedó Kipu, sin movilidad alguna.

Ya se temía lo peor, cuando una pequeña tortuga se acercó hasta ella y le preguntó que le había ocurrido. La pobre Kipu le relató su accidentado vuelo y Borai, que así se llamaba la tortuga, se apiadó de ella. Tenía que ayudar a su nueva amiga, porque en las desgracias todos somos parte de un mismo ser, como le decía su madre, y nos necesitamos los unos a los otros, aunque seamos de diferentes especies, para poder sobrevivir. Se llegó, lo más rápido que le permitían sus patitas, hasta la asamblea de las tortugas más longevas, que eran consideradas sabias por la comunidad y les expuso el caso de Kipu. Nadie puso objeciones en ayudar a la cigüeña, aunque ellas poco podían hacer, salvo alimentarla y esperar que con el tiempo sanaran sus fracturas si la Madre Naturaleza así lo permitía.

Durante muchos soles y lunas, las tortugas se dedicaron a llevar alimento a los pies de la desdichada cigüeña y durante ese tiempo Kipu aprendió muchas cosas de ellas y de la forma tan relajada y apacible con la que se tomaban la vida. Pero había algo que ensombrecía esa armoniosa arcadia en la que parecía discurrir la existencia de aquella comunidad de tortugas, y era la aparición de unos depredadores, que acechaban en todo momento a Borai y a sus vecinas, un peligro que en los últimos tiempos parecía haberse multiplicado, creando una inseguridad en la comunidad que amenazaba con destruir su plácida existencia.

Cuando Kipu logró recuperarse, agradeció a las tortugas la ayuda prestada y prometió a su amiga Borai, que haría todo lo posible para que ella y su familia, no tuvieran que seguir viviendo con miedo a los depredadores.

Llegó la hora de la partida, y Kipu levantó el vuelo en busca de los suyos, pero con la inquebrantable decisión de no olvidar nunca lo que las tortugas habían hecho por ella. Así pues, durante su viaje al sur, se dedicó a contar en todos los lugares, la situación agónica por la que estaban atravesando sus amigas, relato que llegó a oídos de una bandada de pardelas, que tras atravesar el Atlántico, contaron la misma historia a orillas del Pacífico.

Tomando el sol en la arena se encontraba Lumba, una gran tortuga marina que ya había superado las 200 primaveras, cuando escuchó la desgraciada situación por la que pasaban aquellas primas suyas de tan lejanos lugares y cómo se habían desvivido en ayudar a la pobre cigüeña en un momento tan crítico, y sin pensarlo dos veces, comenzó a nadar hacia hacía las tierras por donde dónde nacía el sol.

Cuando llegó a la desembocadura de un gran río, al que los hombres llamaban Guadiana, notó unos picores en su garganta, pero ella decidió seguir adelante, justificando tales molestias por su avanzada edad, porque la causa lo merecía. De este Guadiana tomó la desviación de otro río, el Zújar, hasta que llegó al Guadalmez, que atravesaba un plácido valle verde rodeado de montañas y de exuberante vegetación. Fue allí donde encontró a las tortugas de las que hablaba el relato y las saludó con una limpia sonrisa, saludo al que correspondieron las tortugas con una gran algarabía. Pero no sabía si por el cansancio del viaje o por su edad, el caso es que sintió un gran sueño que no le permitía mantener los ojos abiertos, y allí varada en mitad de aquel río, fue sucumbiendo en una inconsciencia dulce y tranquilizadora, con la imagen, gravada en su memoria, de aquellas pequeñas tortugas alegres y dicharacheras. Sobre todo, la carita de una joven tortuga, Borai, que la miraba con mayor expectación que las demás. Lumba había muerto. Su organismo, diseñado para el agua salada de la mar, no había soportado el dulzor de manantial.

Fueron las lluvias, y el propio río, que fue depositando tierra sobre su caparazón, a lo largo de muchas estaciones, las que obraron el milagro de transformar el cuerpo inerte de la vieja tortuga Lumba, en una pequeña isla salvadora, donde sus pequeñas primas encontraron refugio seguro y pudieron retomar a su plácida existencia, ignorando el peligro de sus depredadores.


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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  Figaro el Mar 21 Jun - 19:16

Otra bonita leyenda camome, es una lástima que no estén todas ellas recopiladas de alguna manera, antes de que se olviden. Deberian recogerse en un libro, y que fuese lectura obligatoria en nuestro colegio, para que nuestros niños conozcan mejor la tierra en la que se han criado.
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LA LEYENDA DEL ARROYO DE LOS MUERTOS

Mensaje  camome el Jue 23 Jun - 14:35

Cuentan que hace muchos años existía en Chillón una casa con una ventana, en la que habían quedado marcados los dedos de una mujer en sus barrotes. Nadie recuerda a quien pertenecieron esos dedos, pero muchos sí conocían la historia de una mujer que pasó toda su vida asomada a esa misma ventana y repitiendo, como si de un mantra se tratara, la frase “vendrá, me ha dicho que vendrá”. La “Casa de la eterna espera” la llamaban, y según me contara mi abuelo, ello se debía a una triste leyenda.

En un tiempo en que aún no existían los automóviles, y por tanto, las carreteras, para ir de la vieja aldea de Los Palacios de Guadalmez a su villa matriz, Chillón, se utilizaba un camino, que tras subir el Puerto de la Virgen, pasar por La Nava de Santiago, atravesar Puerto Mellado, y serpentear por los cerretes de Chillón, uno llegaba a los pies de la sierra de la Virgen del Castillo y a poco más, hacía su entrada en la antigua villa.

Pues en ese tiempo, vivía en la aldea un mozo, huérfano de padre, que con su trabajo en el campo, sacaba adelante a su madre y dos hermanas, y que en una de sus visitas a Chillón, se enamoró de una joven, de claros ojos azules, piel suave como la seda y un cabello color azabache, a la que dio su palabra de matrimonio, por lo cual, cuando las labores agrícolas y las obligaciones familiares se lo permitían, iba a visitar a su ventana, para sumergirse los dos en un mundo de promesas y gozos.

Un domingo, del mes de abril, cuando el campo despierta en colores, húmedo y tierno, tras haber permanecido duro y dormido por el cortante frío de la estación invernal, aquel mozo de Guadalmez, vestido con su mejor traje de pana y calzado con sus botas nuevas, recogió los cuatro ramos de flores que su madre le había dejado sobre la mesa, y tras besar a su familia, se encaminó por el viejo camino de Chillón para ver a su amada.

Cuatro, eran los ramos de flores, de unas enormes margaritas blancas, los que llevaba, para, por encargo materno, ir depositando en las tres ermitas que jalonaban el camino, Nuestra Señora de los Remedios, Santiago y Santo Domingo de Silos. El último lo reservaba para la dueña de sus pensamientos.

Nada más salir de la aldea, depositó el primer ramo a los pies de la imagen de la Virgen de los Remedios y echando un trago de agua del arroyo que por allí corría, se dispuso a subir el agotador Puerto. Qué bonito se veía desde allí el valle, y cómo se mecía al viento el trigo verde que tantos sudores le había costado inseminar en la tierra. Pero cuando llegase la época de la cosecha, sus frutos le permitirían finalmente poder celebrar la boda que tanto ansiaba.

Tras descender el collado se percató de la presencia de un lobo, que merodeaba por allí, y tras agarrar una piedra, se la lanzó al depredador para asustarle. Pero éste le mantuvo la mirada y ni siquiera se movió de su sitio. Aquello extrañó al mozo, porque lo normal es que un animal solitario hubiese echado a correr ante la presencia del hombre, pero olvidándose del lobo, continuó caminando, hasta llegar a los pies de un arroyo, que corría cantarín entre arbustos y matas. Fue un gruñido lo que le hizo torcer la mirada, para descubrir que tras él iba una manada entera de lobos, que comenzaron a rodearle allí mismo, a los pies de ese arroyo. Ahora comprendía porqué aquel lobo no había huido, y sus pensamientos volaron a la ventana de una casa, con una reja forjada y una maceta de geranio, donde el amor de su vida aguardaba. Se le quedó helado el corazón.
Un pastor, que por allí pasaba unas horas más tarde, sólo encontró unas bonitas botas nuevas y margaritas teñidas de rojo flotando en el arroyo. Al ir a coger las botas, lo que dentro de ellas encontró le dejó sin habla para el resto de sus días.

Dicen que todos los años, por el mes de abril, florecen unas curiosas margaritas de tonalidad carmesí, junto a las ermitas de Santiago y Santo Domingo, mientras que otra flor de tallo más carnoso, se marchita, agarrada a los barrotes de una ventana, esperando ver aparecer al príncipe que la habrá de librar de esa prisión.
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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  La Espe el Jue 23 Jun - 18:38

Pues entonces es fácil averiguar donde se encontraban esas dos ermitas desaparecidas, la de Santiago y la de Santo Domingo de Silos. Sólo hay que buscar donde nacen margaritas rojas, aunque digo yo ¿no serán amapolas? Porque si es así, más dificil lo veo
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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  Ana el Mar 28 Jun - 19:53

Son unas leyendas muy bonitas y tendriamos que darlas a conocer, porque además, pueden ser un atractivo más para esos lugares donde transcurre la historia de cada una de ellas. En especial, en la Laguna de la Judia, donde habría que intervenir ya para repoblar y recuperar ese rincon maravilloso

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LA LAGUNA DE LA JUDIA

Mensaje  camome el Mar 28 Jun - 22:01



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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  Ana el Miér 29 Jun - 18:12

¡SALVEMOS LA LAGUNA DE LA JUDIA!, aun estamos a tiempo de salvar un paraje tan extraordinario como el de la Laguna de la Judia, y hacer del mismo un rincón para el disfrute de la naturaleza, y como foco de atracción para el turismo. Es necesario que comencemos ya con la repoblación y adecentamiento del lugar, con la construcción de unas mesas y bancos de madera, una fuente, y ¿por qué no?, también unas cabañas de madera, para que se pueda pernoctar. El lugar tiene una leyenda mravillosa, y es un espacio muy singular, que hay que proteger y saber sacarle todo el provecho y rendimiento que tiene.

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LA LEYENDA DE LA NOVIA

Mensaje  camome el Vie 1 Jul - 16:20

Hace muchos años, tantos que memoria de anciano no recuerda, que existía la tradición, entre las parejas, de casarse en la antigua ermita de Nuestra Señora de los Remedios, la que estaba en el Campillo de la Virgen, donde el camino del Puerto de la Virgen se unía al de la Dehesa. Y en ese mismo templo es donde habían decidido casarse María y Diego, una joven pareja de enamorados, que apuraba sus últimos días de soltería, con el nerviosismo característicos de estas ocasiones, como si un millar de mariposas revolotearan por su estómago, como solía apuntar María.

Diego tenía un hermano, Juan, y si al primero las mariposas no le permitían conciliar el sueño, los celos hacían otro tanto con el segundo, porque Juan también estaba enamorado de María, y para él, asistir a los preparativos de la boda, estaba resultando un suplicio.

Cuentan que el día anterior al enlace, los dos hermanos subieron a la sierra con el ganado, como acostumbraban, y sólo Juan regresó a Guadalmez cuando el sol se ocultaba detrás del Torozo. Según Juan, que llegó con la camisa hecha jirones, su hermano Diego se había dado a la fuga, por el estado de ansiedad que la boda le causaba, y abandonando el ganado a su cuidado, tomó el camino de Chillón y desapareció. Al ser requerido por su aspecto, Juan contestaba que se había quedado enganchado en una rama, al ir a buscar a un ternero.

En aquella época, una mocita que se quedaba a las puertas del altar, tenía muy complicado poder volver a casarse, y para evitar que María pasara el resto de sus días envuelta en la soledad del celibato, contemplando como se marchitaba con el recuerdo de lo que pudo ser y no había sido, el propio Juan se ofreció en matrimonio.

Pudieron más la presión de ambas familias y los usos sociales, para dar un final feliz, a lo que a todas luces apuntaba como escándalo, que las reticencias de María para acabar con un amor en pleno apogeo y resignarse a aceptar la compensatoria, y por ello, fui fijada la fecha de la boda para el domingo siguiente.

Parece que la noche anterior al enlace, el cielo se abrió por completo y descargó sobre la pequeña aldea un auténtico diluvio, como jamás se había visto por aquello lugares. Doce horas seguidas, sin parar, estuvo lloviendo, según relataron los menos dormilones, que asomados a las ventanas miraban como el agua iba anegando toda la tierra.

Pero el domingo amaneció con un radiante sol, y la comitiva de los novios, tras haber estado rezando en la parroquia de San Sebastián, se dirigió a la ermita de la Virgen de los Remedios, donde tendría lugar la ceremonia. Junto a la ermita pasaba el arroyo de la Gavia de la Virgen, que tras las intensas lluvias de la noche anterior, bajaba cargado de agua, que corría con la fuerza de un toro, y a este arroyo se acercó María para refrescar sus brazos y proteger su nuca de los ardientes rayos de aquel sol matutino.

Cuando se agachó, con las manos en cuenco para tomar el agua, el arroyo le trajo a sus pies, el cuerpo de su amado Diego, un Diego mojado, ensangrentado y sin vida, que la miraba con los ojos muy abiertos. En su agarrotada mano derecha apretaba un trozo de la camisa de Juan.

Pronto comprendió María que la historia contada por Juan había sido falsa, y no había existido ninguna fuga, sino que llevado por los celos, el mismo Juan había empujado a su hermano para que se despeñara, y éste, al intentar salvarse, se había aferrado a su camisa. Cuando la tela se rajó, Diego cayó al vacío.

María no esperó a explicaciones y se tiró de cabeza a un pozo que junto a la ermita había, para aplacar la sed de los peregrinos. En este caso, aplacaría para siempre el dolor de la joven y de su destrozado corazón.

Después de aquellos hechos, la gente rumoreaba que el espectro de María se aparecía a todas las novias, cuando iban camino de la ermita, y las invitaba a asomarse al arroyo, por si éste tenía algo importante que contarles antes de que diesen el sí quiero en el altar. Por ello, la gente dejó de casarse en la vieja ermita para hacerlo en la parroquia, aunque hay quien seguía afirmando, que María seguía presentándose en la misma puerta del templo.


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LA LEYENDA DE PIEDRA SANTA

Mensaje  camome el Jue 21 Jul - 19:27

LA LEYENDA DEL SECRETO DE PIEDRA SANTA

Existe en el ideario colectivo la certeza de que la otrora poderosa y admirada Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, el Temple, atesoraba, además de sus inmensas riquezas, un valioso secreto, que la condujo a su desaparición, dando así una explicación más novelesca que la despreciable avaricia de los reyes cristianos, que tanto ansiaban sus astronómicos ingresos para fortalecer su posición regia frente a la poderosa nobleza de la época.

Unos hablaban de un misterioso “Bafomet”, cabeza barbada y parlante a la que adoraban, otros se referían a la custodia del Santo Grial, y hay quienes afirmaban que llegaron a encontrar documentos en las ruinas del antiguo Templo de Jerusalén, su cuartel general, que podrían hacer temblar los cimientos de la Cristiandad. La verdad es que esta orden, creada en 1118 por Hugo de Payens a instancias de San Bernardo de Claraval, nació con la finalidad de proteger a los peregrinos que visitaran los Santos Lugares, tras la constitución del reino cristiano de Jerusalén, en la época de las Cruzadas, pero sus ramificaciones por toda Europa y sobre todo, su gran poder económico, hicieron de ella una de las instituciones más admiradas y temidas de la baja Edad Media. En los reinos hispanos fueron múltiples las ocasiones en que los caballeros templarios participaron, junto a los monarcas cristianos, en su cruzada particular contra el Islam, gracias a lo cual recibieron numerosas dádivas, privilegios y territorios. Por ello, tras la conquista de la antigua capital califal, Córdoba, por Fernando III el Santo, en 1236, y por la ayuda inestimable prestada en la misma, el monarca les concedió la Encomienda de Capilla, con las dehesas de Piedra Santa y Las Yuntas y el castillo de Madroñiz.

Pero su poder se fue haciendo tan patente y sus riquezas tan atractivas, que un siglo después, y gracias a las maniobras insidiosas del rey francés Felipe IV y de su canciller, Guillermo de Nogaret, en 1307 los templarios franceses serán arrestados, inducidos a confesar bajo tortura y quemados gran número de ellos en la hoguera, incluido el Gran Maestre de la Orden, Jaques de Molay, siguiéndose esta iniciativa en otros reinos cristianos, ante la aquiescencia del que debiera haber sido su valedor, el papa Clemente V, que en 1312 decretó la disolución de la Orden.

Se cuenta que una orden tan poderosa y con unos servicios de información tan eficientes, conocía el triste destino que el futuro les reservaba, y que no les eran ajenas las maquinaciones del galo, por lo que antes de producirse su arresto, habrían llevado parte de sus riquezas y el referido “secreto”, al puerto francés de La Rochelle, para ser embarcado con rumbo desconocido.

A partir de estos datos históricos, contrastables en fuentes fiables, comienzan a florecer numerosas leyendas sobre el destino de ese barco y de la misma Orden y su inoculación en la sociedades secretas y masónicas de siglos posteriores.

Una de ellas, la que nos atañe, refiere que la carga de ese barco que partió de La Rochelle, tendría como destino el puerto de Lisboa, y desde allí, por tierra, el castillo de Calatrava La Nueva, sede de la orden calatraveña, para muchos, un retoño del Temple y que junto con el resto de órdenes españolas, aún contaba con el beneplácito de los reyes de Castilla.

En el trayecto desde Lisboa a Calatrava La Nueva, una de las paradas obligatorias para pernoctar habría de ser el castillo templario de Capilla, y al atravesar la Dehesa de Piedra Santa, paraje sagrado ya desde los tiempos más remotos, la comitiva hizo un alto en el camino y decidió dejar allí, a buen resguardo, algo de la mercancía que transportaban.

Se dice que casi dos siglos más tarde, un marinero catalán o genovés, estuvo en aquellos mismos lugares buscando entre las rocas y cuevas del entorno algo que le ayudaría, según él, a cambiar el mundo.

Esta leyenda hunde sus raíces en el argumento que asegura que los templarios encontraron algo en las ruinas del viejo templo de Salomón, y que guardaron con el mayor de los celos, como un auténtico secreto, y ese “algo” no era otra cosa que un viejo mapa en el que se describía el itinerario hacia unas tierras incógnitas más allá del océano Atlántico. Se dice que los antiguos marinos habrían llegado a las costas de un gran continente navegando hacia el ocaso, y que el sabio Salomón, habría recopilado toda esa información en un mapa, el mismo que hallaron los templarios y que les ayudaría a llevar a cabo uno de sus sueños, la unificación de toda la Europa cristiana, bajo un único cetro, el del sucesor de Pedro. Volver a unificar todo el Imperio Romano, sobre las antiguas fronteras anteriores a la invasión de los bárbaros y bajo la dirección del máximo representante de Dios sobre la tierra, el Papa, y para ello era necesario abandonar las guerras internas que sangraban al continente y embarcarlo en una gran empresa en común, como sería la colonización de esas nuevas tierras del Occidente, objetivo tan magno, que necesariamente requeriría la participación de todos los reinos cristianos para poder llevarlo a cabo.

Ese mapa secreto, que para la Orden del Temple era su mejor recurso para lograr la unificación de Europa, fue llevado a Calatrava La Nueva, para ser allí custodiado hasta que la situación social y política permitiera emprender la empresa colonizadora, pero por desgracia, un incendio acabó con él y con las esperanzas puestas en el mismo.

Sin embargo, hubo un relato, que pasó de generación a generación dentro del linaje de uno de aquellos caballeros que se hicieron a la mar desde el puerto de La Rochelle, que defendía la idea de que no todo estaba perdido, pues cuando la comitiva que lo transportaba desde Lisboa, paró en Piedra Santa, cinceló en la pared de piedra de una de sus cuevas los contornos e itinerarios del viejo mapa. Lo que se desconoce es quién contó aquello a aquel marinero catalán o genovés, un tal Cristóbal Colón, el mismo que ha pasado a la Historia por ser el descubridor de América.
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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  Ana el Lun 29 Ago - 18:33

A mi me encantaria que nuestro Ayuntamiento recuperase la laguna de la judia para el baño y la repoblase de arboles, convirtiendo el paraje en un lugar para ir a pasar un fenomenal día de campo, con alguna fuente y merenderos.

Ana
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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  Kalimero el Vie 21 Oct - 17:51

Al final, si no protegemos esa laguna, y repoblamos su entorno con árboles, terminaremos perdiéndola, pues hoy día no es otra cosa que una charca para que beban los animales. Antes de que desaparezca, deberíamos intentar salvar la Laguna de La Judia, que además está en tierras comunales. La Asociación Rio Pequeño, debería ir limpiando el lugar y plantando árboles, antes de que sea demasiado tarde...
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LA LEYENDA DEL TESORO DE LA MINA

Mensaje  camome el Miér 9 Nov - 17:28

LA LEYENDA DEL TESORO DE LA MINA

Mucha gente conoce las ruinas de las antiguas minas de Santa Catalina, a un paso de Guadalmez, y más de un curioso se ha llevado un susto cuando ha osado acercarse a ellas, pero pocos son los que recuerdan la vieja historia del último minero que trabajó en ellas, y que un día cualquiera, se desvaneció para siempre de la memoria de los hombres.

Aún hay algún abuelo que escuchó esta historia de boca de sus padres, al calor y el chisporroteo de una buena lumbre, en las frías noches de invierno, pero hoy en día estas historias están condenadas a desaparecer, y antes de que eso ocurra, habrá que ir recopilándolas en papel.

Según me contaron, cuando yo era aún un crío, hubo un tiempo en que esas viejas minas de Santa Catalina bullían de gente y trasiego, como si de un pueblo se tratara, pero cuando el mineral comenzó a escasear o se hizo poco rentable para los inversores, los mineros comenzaron a abandonar aquel paraje, quedando únicamente uno, que si hacemos caso de los rumores, no tenía otro sitio a donde ir, y allí permaneció solitario y apartado del mundo. Todos las mañanas tomaba su pico y su pala, y alumbrado con la lámpara, se sumergía en la galería de la mina, para seguir extrayendo el mineral que ya nadie demandaba. Pero cierto día, al atardecer, buscando madera para hacer fuego, se llegó hasta la fuente de San Juan, al otro lado del cerro y allí se recostó sobre la hierba para quedarse dormido. Al despertar, ya envuelto en la oscuridad de la noche, una luminosidad cegadora le obligó de nuevo a cerrar los ojos, y al volverlos a abrir contempló como la luna se reflejaba en el agua de la fuente, con tal fuerza, que atribuyó a ello ese resplandor. Al final iban a tener razón aquellos que creían en hechos sobrenaturales, y aquella noche del 24 de junio, noche de San Juan, iba a resultar mágica, aunque él no creía en esas cosas, y todo se debía a casualidades.

Con las manos en cuenco, tomó agua de la fuente y bebió hasta saciar su sed, y orientándose por la sombra de los montes y las sierras, se encaminó a su casilla y a su mina, sin darle mayor importancia a aquel hecho. Pero una cosa era cierta, conforme avanzaba por el camino, le parecía oír el susurro de los árboles y las risotadas de las bestias. Es más, incluso etéreas figuras parecían ocultarse en los matorrales ante su presencia. Debía aún estar medio dormido, se dijo, y lo mejor será llegar cuanto antes a la cama, porque mañana será otro día.
Al levantarse aquella misma mañana, parece que las sensaciones de la noche anterior, no habían terminado, porque incluso parecía entender el canto de los pájaros y vislumbrar el alma de las cosas. Ya, dentro de la galería de la mina, y cuando golpeaba con su pico la dura roca, eran los gemidos de la piedra lo que escuchaba. ¿Qué le estaba pasando? ¿ se estaría volviendo loco? No, no estaba loco, todo esto tenía que ver con el agua que bebió de aquella fuente en aquella noche mágica, aunque eso fuera difícil de digerir para un incrédulo como él.

Unos extraños ruidos llamaron su atención, y al girarse se sorprendió al ver a un pequeño personaje, que apenas levantaba dos cuartas del suelo. De un color grisáceo, y con un pronunciado hocico, dos grandes ojos sin pestañas ocupaban la mayor parte de su cabeza, y sus extremidades eran huesudas y alargadas. Era un morgo, una especie de duende, y realmente existían, lo tenía allí, delante de sus propias narices, y al igual que él, el morgo le miraba sin dar crédito a sus ojos. No era posible que un humano le pudiera ver, pero éste le estaba observando, era consciente de su presencia. Cuando el morgo se disponía a escabullirse por uno de los pequeños túneles escavados en la roca, como una especie de madriguera, sintió como le envolvía una tela basta y maloliente, y la oscuridad lo ocupaba todo. El hombre le había cazado y le tenía encerrado en un saco, donde daba tumbos como un fardo, a cada paso que daba el minero.

Muchas eran las historias que había escuchado el minero sobre los morgos, esos pequeños seres empecinados en horadar la tierra en busca de tesoros, para luego volver a ocultarlos de nuevo, aunque también se decía que solían dejar unas cuantas monedas de oro en un tazón de la alacena en las casas de algunas familias desdichadas. Él nunca había hecho caso a este tipo de cuentos y los achacaba al anhelo de mantener la esperanza en un mundo con tantas necesidades e injusticias. Pero ahora, tenía en sus manos un morgo de verdad y puede que todo lo que se contaba fuera cierto.

Cuando llegó a su casa, buscó una vieja jaula que tenía para los jilgueros, y en ella encerró al morgo, que con los ojos muy abiertos y las orejas gachas, le miraba fijamente, le suplicaba por su libertad. Estaba dispuesto a cualquier cosa para que este rudo minero le devolviera su bien más preciado, porque dicen que estos seres se marchitan en cautiverio, y propuso al humano indicarle donde había oculto un tesoro, que hacía miles de lunas, habían enterrado unos moros, a cambio de su le dejara marchar libre. El minero estuvo de acuerdo, y tras llegar con su pico al paraje que el morgo le había indicado, comenzó a cavar en la tierra, hasta que un golpe metálico señalaba el éxito de su empresa. En un viejo cofre de hierro y madera había una fortuna en monedas de oro de extraños caracteres. ¡Era rico y tenía un tesoro !. Ni en sus mejores sueños había sopesado nunca esta posibilidad, y ahora era una realidad, gracias a ese pequeño morgo.

Ahora le tocaba a él cumplir su parte del trato, pero si era cierta la afición de los morgos por buscar tesoros, seguro que podría indicarle el lugar donde se ocultaba alguno más, y no era momento de dejar escapar una oportunidad así.

El morgo le suplicó que debía corresponder con su palabra, y que ya tenía un tesoro que le iba a solucionar la vida, pero el minero no estaba para consejos, y temeroso de que alguien pudiera descubrir su secreto se encaminó a la mina para dejar a buen recaudo su fortuna, dejando al morgo entre lamentos y una extraña cantinela, que repetía como si de una letanía se tratara.

Dentro de la galería de la mina, oculto a la luz del sol y de los ojos de la gente, el minero se dispuso a cavar un hoyo en el que iba a volver a enterrar el cofre, pero una sensación de humedad le extrañó, y al mirar con la lámpara hacia la boca más oscura de aquel túnel, una tromba de agua se abalanzó sobre él y le golpeó contra las rocas. Allí murió ahogado el avaricioso minero, junto a su tesoro, mientras un grupo de morgos, que habían desviado el agua de la fuente de San Juan hacia el interior de la mina, practicando unos túneles en las entrañas de la tierra, acudían a la llamada de su compañero, y le devolvían su libertad.

Aún hoy día, esa mina sigue abnegada de agua, y muchos de los curiosos que han osado introducirse en ella, cuentan haberse sorprendido por haber escuchado un ruido de monedas, como si alguien las estuviera contando, y no es de cuerdos permanecer en lugares donde se oyen tan extraños sonidos.
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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  Red Vision el Lun 14 Nov - 15:30

Me gusta mucho esta última leyenda, y sobre todo la existencia de esos morgos, que se dedican a dejar monedas de oro en los tazones de las alacenas de la gente humilde. A ver si se prodigan más en estos tiempos de crisis.
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Re: LEYENDAS DE GUADALMEZ

Mensaje  Kafka el Mar 15 Nov - 14:57

Muy bonitas las leyendas, y como dice Red Vision, a esos morgos hay que sacarles partido, saber venderlos de alguna manera
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LA LEYENDA DE LA PEÑA DEL CUERVO

Mensaje  camome el Miér 16 Nov - 15:45

Dominando la población de Guadalmez, se yergue una montaña a la que los lugareños dan el nombre de “Peña del Cuervo”, y desde su “vetanilla”, como si de un gran ojo se tratara, vigila al pueblo que se asienta en su ladera.

Hace ya tantos años, tantos soles y tantas lunas han pasado, que no hay memoria que la recuerde, pero en ese mismo lugar transcurrió una historia, que por su desenlace, bien se merece contar.

De todos es conocida la afición de los morgos, esos duendes tacaños y escurridizos, por buscar y acaparar viejos tesoros, y sabedores del gusto que los cuervos sienten por las cosas brillantes, no se les ocurrió otra idea que robar de un nido de cuervos un pequeño polluelo, al que con un brebaje mágico y cantidades ingentes de comida, hicieron crecer y crecer, hasta convertirlo en un gigantesco monstruo. Amaestraron al cuervo para que sobrevolara el valle, y las tierras vecinas, en busca de objetos brillantes, y los trajese en su pico hasta la guarida de la “ventanilla”, una falsa cueva, con un gran ventanal, donde los morgos se encargaban de esconder los objetos de valor y desechar las baratijas.

Todos y cada uno de los días, el cuervo arrancaba el vuelo desde ese ventanal, y sobrevolaba el valle, en busca de aquellos objetos que los rayos de sol hicieran brillar, y todos y cada uno de los días, su pico traía doradas monedas, brillantes piedras, bruñidos metales y traslúcidos cristales. Pero el cuervo, además de rastrear los campos en busca de esos objetos perdidos o escondidos, comenzó a atacar a los habitantes de la aldea y de las villas cercanas, para robarles las joyas y adornos que portaban, sembrando el pánico entre los vecinos, que optaron por no salir a la calle, mientras brillara el sol, con alhaja alguna que sus rayos pudieran delatar.

Sólo la visión de este gigantesco cuervo, sobrevolando su cielo, ya causaba pavor entre los aldeanos, y a partir de los ataques hacia las personas, este miedo se hizo tan insoportable, que los vecinos decidieron actuar y encomendaron a los alguaciles la tarea de acabar con las correrías del monstruo. Pero ni las ballestas, las lanzas o las pistolas de pólvora, consiguieron derribar jamás al animal, y eso que, incluso, se ofreció una recompensa a los mejores cazadores de la zona, si conseguían abatir a la bestia. No había nada que hacer, el cuervo seguía saliendo cada mediodía, cuando más brillaba el sol, en busca de su cosecha, y los morgos acumulaban y acumulaban riquezas, en esa Peña del Cuervo. Si aún eran pocas desgracias, cierto día junto al río, el cuervo se encaprichó de unos preciosos destellos azulados, y se lanzó a por ellos, arrancándole a una bella joven sus ojos, unos ojos tan claros como la misma agua marina. Con unas cuencas vacías, y aún sangrantes, la joven se llegó hasta la misma plaza del pueblo, donde fue socorrida por los vecinos que en ella estaban, aunque nada pudieron hacer sus cuidados y entre sus brazos exhaló el último aliento. Esto era la gota que colmaba el vaso, había que destruir a la bestia fuera como fuese.

Se contó tiempo después, que estando un pastor con sus ovejas, a la orilla del río, y al acercarse a su orilla para echar un trago de agua, unos maravillosos ojos azules parecieron surgir desde el fondo del río, y una voz, como de ultratumba, indicó al aterrado pastor la manera de deshacerse de aquel monstruoso cuervo.

Como era la época de la siega, los agricultores aportaron todo el grano de trigo y cebada que se había cosechado ese año, y los ganaderos sacrificaron rebaños enteros de cabras y ovejas. Era necesario un esfuerzo común para acabar con el problema que estaba destruyendo su pacífica convivencia, y nadie puso objeción alguna a ese despilfarro.

En carros y carretas se trasladó toda esa carne y grano a la Peña del Cuervo, aprovechando que la bestia había salido como cada mediodía, y se depositó junto a su nido, a modo de ofrenda. Cuando el cuervo llegó a su guarida, no pudo reprimir la glotonería a la que le habían educado los morgos, y comenzó a devorar toda aquella comida, a tal velocidad, y en tan grandes cantidades, que de nuevo su tamaño empezó a crecer y crecer, hasta el punto de no poder salir ya por el ventanal y quedar atrapado en aquella cueva. Fue el momento que aprovecharon los aldeanos, para, desde fuera de la “ventanilla” asaetar al cuervo, hasta que dejó de granar. Al fin la bestia había muerto y las joyas, que aún no había dado tiempo a los morgos esconder, sirvieron para alimentar al pueblo ese año, en el que había sacrificado todo lo que tenía para acabar, una vez por todas, con el mal que les atormentaba. Nunca más volverían a tener miedo si afrontaban los problemas entre todos, porque bien gravado les había quedado en sus cabezas el viejo dicho que reza que la unión hace la fuerza.


Última edición por camome el Miér 16 Nov - 23:28, editado 1 vez
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